Los “dreamers” son 2 millones que salieron de sus países de niños, y que llevan varios años estudiando y trabajando en los Estados Unidos, pero que siempre tenían la espada de Damocles sobre ellos: su expulsión.
La sociedad norteamericana simpatiza con ellos. Una madre que cruzo con su hijo de 2 años y luego fue expulsada ella; padres que cruzaron el desierto de Arizona, que fueron expulsados pero que sus hijos se quedaron en ese limbo de EE:UU. son ejemplos de dos millones de jóvenes soñando con entrar al potente país.
Ayer, por primera vez el Congreso aprobó su legalización, pero falta aun que lo ratifique el Senado.