Contrapartida de lo anterior, fue la renuncia de Pablo Iglesias a no sólo a la Vicepresidencia del gobierno; no sólo a renunciar a su escaño en el Congreso sino a empezar de nuevo, desde las calles, en la lucha por algo en lo que cree, origen de su vida política, ante los aplausos de socialistas y las lágrimas no fingidas de Yolanda Díaz, la Ministra de Trabajo, de primer nivel, no sólo la Vicepresidenta 3 del Gobierno, sino la mujer gallega hija de un luchador social y futura dirigente del Unidas Podemos.
Pablo Iglesias pudo tener errores que hemos comentado en estas líneas. La entrada desde la calle al sistema político, lo agarró cruzado, fue el ataque por “comunista” desde el primer día. Su casa con sus dos hijos prematuros fue un punto de linchamiento indecente.
Todos los días fue agredido por todos, desde Pedro Sánchez, hasta Vox.
Los medios lo atacaron furiosamente, hasta Ferreras, que ayer sonrió cuando logró echarlo.
Pero es que ayer en el escenario político de la mediocre clase española, el teatro de Ayuso y Cantó, fue la antítesis de lo de Iglesias y de Yolanda Díaz.
Por supuesto, para vergüenza ajena las declaraciones de Cascos, Rajoy, Aznar, a quienes ya nadie cree.
Así nos irá, en el momento mas delicado de la pandemia, de los problemas económicos y sociales que inevitablemente vendrás.