Cuando aquel “prohombre” de apellido Peñafiel calló durante 30 años y gozó los placeres de ser el casi el portavoz, el especialista de Casa Real y que vivió de aquella monarquía, se lanzó contra la boda del “príncipe con la hija del taxista”, abrió una brecha que condujo a lo que hoy veremos en la serie sobre Los Borbones.
Casi nadie recuerda, aquel desfile militar en que Felipe VI, no asistió y se fue a Nueva York, desobedeciendo a Juan Carlos I, que finalmente desbloquea los intentos de que su hijo se casase con una princesa o alguien ligado a una Casa Real, y Felipe VI se salió con la suya y se casó con Letizia.
Ahí se introdujo, el sentido común, en el armario real y empezó a oxigenarlo.
El día que en Mallorca, se discutía sobre como tapar el caso Undargarín, Letizia tomó el avión y regresó a Madrid, en desacuerdo, como lo estaríamos cualquiera de los mortales, menos las élites políticas, económicas y periodísticas, se mostraba la fisura que hoy aparecerá en toda su dimensión.
Casi nadie recuerda el día que Pedro Sánchez, que era uno de los candidatos a presidir el gobierno, le comentó a su esposo, su podía saludar, después a Pedro Sánchez, que habían estudiado en el mismo lugar..
Mantengo que desde ese día ,y hasta hoy, la relación entre ambas familias son muy estrechas.
” La hija del taxista”, daría puntual respuesta, años más tarde, a aquella parte de la monarquía que no compartía, y separar a su marido y a sus hijas de aquella parte “podrida” de la monarquía.
Letizia, la reina Letizia, con su carácter, ha dado una oxigenación a la Monarquía que España necesitaba al consolidar las instituciones.