La morcilla de Babel | Remartini - El vermú eterno - Blogs elcomercio.es

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Remartini - El vermú eterno

La morcilla de Babel

Hay distintas maneras de darle mil vueltas a la misma idea.

 

 

 

Durante 2013, Burgos es la ‘Capital de la Gastronomía Española’, un título que dispensan la Federación Española de Hostelería (FEHR) y la Federación Española de Periodistas y Escritores de Turismo (FEPET). Lógicamente, la FEHR (aspírese la hache) y la FEPET (pronúnciese como ‘fuet’) pretenden “promover, a nivel nacional e internacional, la gastronomía como uno de los principales atractivos para el turismo en España”, según proclama la página web de este denomimado “evento”. El mismo objetivo comparte la asociación Saborea España, donde además de la Fer, la Fepet o el Espetec participan otros colectivos acrónimos, que juntos de la mano, aliados y embuchados, han declarado el próximo 29 de septiembre como… (trompetas, fanfarria, suelta de palomas, viva el rey)… ‘Día Mundial de la Tapa’. ¿Qué persigue este segundo “evento”? Pues lo obvio, qué coño: “La tapa será la gran protagonista en establecimientos hosteleros españoles, vinculando la tapa a la marca España y a la forma en que entendemos la sociedad y la gastronomía”, dice, también altilocuente, su sitio en internet.

 

 

 

 

Vista la coincidencia de promotores y objetivos, a nadie le extrañará que la actual ‘Capital de la Gastronomía’ participe el próximo 29 de septiembre en el ‘Día de la Tapa’. ¿Cómo? ¿Con una feria?, ¿con un concurso? No. En dicha fecha, cuando se festejará la secular tradición de la minicocina española, del picoteo informal, del trasiego de bocados entre bares encadenados durante un vermú largo, ese día, Burgos, ciudad inmortal, elaborará “la morcilla más larga del mundo”.

 

 

 

 

Una nota de prensa que acaba de deslizarse en mi bandeja electrónica explica, al uso de la histórica portada de ‘Astérix y Cleopatra’, que la elefantiásica tripa rellena “pesará unos 250 kilos, requerirá la ayuda de 400 voluntarios, se harán 4.200 tapas y tendrá una longitud de 178 metros. No 150 ni 200; 178 metros, una cifra que coincide exactamente con la altura sumada de las dos torres de su grandiosa Catedral, patrimonio de la Humanidad”. La organización persigue batir el récord Guiness (casi dirísase que ensartarlo), sobre el que no informa si actualmente está ya en posesión de la localidad o si lo atesora otra ciudad del globo (en Asia quizá) que haya elaborado con anterioridad una morcilla de Burgos kilométrica, probablemente con el único afán de joder (de joder a Burgos, ciudad ciertamente inmortal, pero expugnable como todas).

 

 

 

 

Esta barbaridad de morcilla, este inmenso troncho negro, esta fiesta olímpica de sangre, cebolla, manteca y arroz nos ofrece una de las formas que existen de darle la vuelta a la misma idea. A partir de una receta inmemorial, un pueblo entero se conjura para demostrarle al mundo entero su espíritu babélico, su capacidad de erigirse citius, altius y fortius. Solo que, en este caso, condensado el solemne latinajo en el grito de fiesta de un pastor, bramado a mandíbula abierta.

 

 

 

 

Otra forma de rodear una historia mil veces contada es el libro ‘Paella’, de Alberto Herráiz.

 

 

 

 

‘Paella’ es un manual editado en un formato elegante, maquetado con cierto aire vintage, ilustrado con fotos luminosas y apetitosas, y forrado con una delicada arpillera de algodón que imita los saquetes tradicionales de arroz, costura roja incluida. Una chulada. Es tenerlo en la mano y, como a un hijo o a una teta perfecta, amarlo por siempre jamás.

 

 

 

 

Además de un objeto bonito, ‘Paella’ constituye una enciclopedia, un auténtico Génesis del plato de Valencia que dudamos mucho nadie pueda superar en breve, al menos en su utilidad. Herráiz enseña a cocinar un paella al fuego y al horno, al aire libre, sin arroz y en combinaciones dulces. Organiza las etapas básicas del proceso, repasa los ingredientes habituales, establece un tiempo estándar de cocción “17 minutos a partir de la ebullición del arroz (bomba)”–, analiza los utensilios y regala 108 recetas que comienzan con la elaboración de condimentos, sofritos, aceites aromáticos, fumets, fondos y caldos. Los textos están organizados para su puesta en práctica además de para su lectura y el tío escribe con una redacción impecable. Cuando acabas la introducción ya dan ganas de abrazarle.

 

 

 

 

Yo, que voy justico de creatividad, con solo mi primer ensayo he descubierto cómo cambian el resultado un aceite bien aderezado o un fumet al que le has infusionado las especias al final, en lugar de arrojarlas a la olla tras el primer hervor, con dejadez de chacha vaga. Quiero con esto decir que solo amagando he conseguido algo.

 

 

 

 

‘Paella’ es, en definitiva, otra Babel. No la ciudad que intenta destacar alzándose sobre la mundanidad, sino la posterior, la rebautizada Babilonia, la precisamente mundana, la ciudad que ha aprendido mil lenguas distintas para acabar diciendo lo mismo (“¡Qué rico!”).

 

 

 

 

Seré un poco raro, pero mí me gusta más esa España que no se mide en largo, sino que se recorre en redondo.

 

Lo cual no quita que tener una chorra como una catedral esté guai, ojo.

 

 

 

 

 

 


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