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Jose Manuel Balbuena

RETORCIDA REALIDAD

Michelines inmobiliarios.

Verán, gran parte de mis conversaciones profesionales transcurren de la siguiente manera:

– Sí, buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?

– Buenos días, estoy pensando en comprar un piso pero, ¿cree usted que bajarán los precios?

– Hombre, pues, la verdad es que ya están bajando porque no suben. Si la inflación está en el 4,6% y los precios se encuentran estancados, es que están bajando en esa proporción.

– Ya, pero, ¿caerán en picado?

Bien, más o menos esto fue lo que le pasó al Ministro Solbes por Washington. Acudió a una reunión del FMI y, al final, el organismo que controla la economía mundial, no paró de preguntarle por el estallido de la burbuja inmobiliaria española (recuerden que éste pronosticó una bajada en los precios de al menos un 20%). El Vicepresidente, lógicamente, se apresuró a hablar de términos como aterrizaje suave y cosas así, porque, querámoslo o no, un hundimiento de los precios inmobiliarios traería consecuencias fatales para nuestra economía. Casi sería un cataclismo al cual difícilmente todos los agentes participantes (familias, banca, el propio sector…) se podrían sustraer. Porque, si lo piensan bien, si el tema de precios inmobiliarios estaba hinchado y con unas subidas para nada acordes con el nivel de renta y la propia lógica del mercado, tampoco ahora es bueno que se hundan. Sería, por decirlo de otra forma, como si alguien al que le sobran unos michelines pasa directamente a la anorexia más absoluta. O sea, corre peligro de muerte.

Y es que, en nuestra economía, una de los principales formas de ahorro para el ciudadano es un piso. Se compra para vivir, claro está, pero también como medida de progreso porque, al cabo de cierto tiempo y con las plusvalías obtenidas, suele optarse a uno mejor. Pero, es más, si necesitamos liquidez por cualquier circunstancia en forma de préstamo, ahí está nuestro piso para conseguirla. Por tanto, si se hunden los precios no conseguiremos ni lo uno ni lo otro y, en cierta manera, sería algo así como tener una economía inflacionista a la argentina: nuestros ahorros, desgraciadamente, valdrían cada vez menos. En fin, que hace bien el Ministro de Economía en alejar los fantasmas de un posible hundimiento de precios en el sector, puesto que, en definitiva, en un país donde el sentido de la propiedad está tan acusado, el patrimonio inmobiliario es uno de nuestros principales pilares económicos.

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Por JOSE MANUEL BALBUENA

Sobre el autor

Economista y empresario. Colaborador de EL COMERCIO desde hace ya muchos años. Vamos, un currante en toda regla


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