Siempre les digo que en los congresos de los partidos lo que se discute son liderazgos. Si éstos están claros, o sea, si no hay rencillas por alcanzar el poder, lo demás, créanme, pasa a un segundo plano. Durante el 37º Congreso del PSOE fue precisamente eso lo que marcó la pauta. El liderazgo de Zapatero está tan claro que todo lo demás pasó de rondón. El debate de ideas entorno a una revisión de la ley de plazos sobre el aborto, o si tiene que haber o no símbolos religiosos en los actos oficiales son debates menores puesto que ya se produjeron durante la pasada legislatura. Sin embargo, buena prueba del poderoso influjo del líder estuvo en los nombramientos. Primero, por aupar a José Blanco al puesto de vicesecretario General, ya que, desde Alfonso Guerra, había quedado vacante. Y segundo, por hacer de Leire Pajín la número tres del partido nombrándola secretaria de Organización. Bien, desmenucemos los mensajes que van detrás de ambas personas.
Desde luego, Zapatero está contento con cómo ha llevado José Blanco las riendas del partido durante su mandato. Bien es cierto que su misión -no siempre fácil, claro está- la ha cumplido sin grandes crisis internas, por tanto, parece lógico que le sea encomendada una de rango superior, fiel siempre, repito, al estilo Zapatero que plenamente comparte. En el caso de Leire Pajín se dan dos circunstancias. Primera, su valía como persona experimentada en multitud de puestos dentro de la jerarquía socialista y segunda, su condición mediática de ser una mujer joven como, no sé, Bibiana Aído por ejemplo. De hecho, fíjense, es quien se ha llevado todas las portadas y parabienes del congreso como en su día lo hicieron la ministra de Igualdad en el nuevo Gobierno, o la paridad entre sexos en gabinetes anteriores. Estamos, pues, ante un congreso que pasará a la historia como el que su líder reafirmó e inculcó entre sus compañeros las formas y valores del nuevo socialismo: el estilo Zapatero.