
Menuda papeleta tiene encima de la mesa el Partido Popular. Desde luego, la imputación por parte del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana al Presidente es un trago difícil de digerir. Más que nada, porque, hombre, ver a tan alto cargo sentado en el banquillo y encima juzgado por un jurado popular; en fin, deja la imagen del partido en muy mal lugar. Máxime si tenemos en cuenta que Valencia representa el epicentro de su política, algo así como la capital y escaparte para el resto de España. De momento, Francisco Camps tiene el apoyo incondicional de su partido. Nadie, de momento, insisto, ha planteado su dimisión o cuestionarle por el supuesto regalo de trajes que le hizo Orange Market (la empresa del «caso Gürtel»). Pero, claro está, según resulte la vista del día 15 la cosa puede cambiar. Todo está pendiente de un hilo tan fino…

Sin embargo, a Bárcenas ya le quedan los días contados. Los escandalosos datos sobre su patrimonio -pago de cantidades exorbitantes en efectivo incluidas- tienen poca defensa. Únicamente la torpeza con la que el PP ha manejado el asunto le sostiene. Supongo que en breve, quizá cuando exista un menor ruido mediático, dimitirá. El tesorero que hacía de todo (beneficiarse de las redes de corrupción, más que nada), como al coronel de García Márquez, ya no tiene quién le escriba. Inexplicablemente se aguantó una situación insostenible y que, de haberse atajado desde un principio, no daría lugar a serias dudas sobre la actuación del partido. Es lo que tiene el «laissez faire, laissez passer» (dejad hacer, dejad pasar) en casos evidentes de corrupción.