Tal parece que ciertas empresas públicas en Asturias se rigen por «El Sistema». Sí, un método por el cual sus integrantes se tapan unos a otros secretos que a nadie interesa desvelar. Lo digo por las conversaciones interceptadas a la presidenta de Hunosa, María Teresa Mallada, que pudimos conocer esta semana por EL COMERCIO. «Tere dice que la han amenazado los de Comisiones con sacar el tema de Joaquín y Heidi y ella les ha dicho que entonces la obligarían a sacar un listado con los familiares de ellos en Hunosa». Analicemos a sus participantes. Joaquín Fernández –con quien tiene la conversación Mallada- fue vicesecretario de Comunicación del PP y además está imputado en el «caso Pokemon», a la postre, la red de corrupción que se extendía por ayuntamientos de Galicia. Su presunto papel era el de un «abre puertas» que facilitaba contratos a las empresas. En este caso, habría conseguido él mismo uno con una fundación de Hunosa. Heidi, por su parte, es la abogada de la hullera. Pues bien, la presidenta parece decir lo siguiente en la conversación telefónica pinchada por la juez que investiga el «caso Pokemon»: si ponéis en duda mis contrataciones a dedo, yo hago lo mismo con las vuestras. O sea, que admitía que CCOO –ojo, debemos entender que también otros sindicatos- hizo las funciones de dirección de recursos humanos. Todo ello, cuando se está dilucidando ahora mismo el futuro de la empresa. Los trabajadores de Hunosa han vuelto a salir a la calle a protestar por la paralización del plan de empresa. Y, por si fuera poco, existe una fecha en el horizonte: 2018 que es el límite puesto por Bruselas para el fin de la minería subvencionada.
«El Sistema» -con mayúsculas- es algo consustancial a las empresas que giran entorno al carbón. Hace poco un juzgado de Ponferrada investigaba a seis compañías –con explotaciones también en Asturias- por un presunto delito de fraude en la concesión de ayudas. Es decir, falsificaban los datos para conseguir la subvención correspondiente. El juicio de Mina La Camocha en Gijón dejó bien a las claras un método burdo pero eficaz: comprar carbón extranjero para luego vendérselo a las eléctricas como nacional. Nada más y nada menos que 90.000 toneladas por un importe total estimado de 17 millones de euros. ¿Es que acaso estos voluminosos fraudes no eran conocidos por todo el mundo? ¿Los denunció alguien o tuvo que ser la Justicia quien los destapó? ¿Por qué este silencio cómplice? Muy fácil, se aplicaba la ley de «El Sistema». Unos obtenían rendimiento económico engañando y otros conservaban el empleo mirando para otro lado. En definitiva, se vivía cómodamente bajo «El Sistema» y había que protegerlo.
A Hunosa le queda un reto difícil de superar: conservar 1.700 empleos más allá de las exigencias de la Unión Europea. Para ello, se están dando a conocer varias estrategias como transformarse en «empresa verde» o similar. Sinceramente, dudo mucho que Hunosa pueda sobrevivir sin hacer lo que mejor sabe: extraer carbón. Conservar ese volumen de empleo a base de diversificar – en sectores intensivos en tecnología, no en mano de obra- le va a resultar difícil. Hunosa será una compañía minera –quizá a cielo abierto- o no será.