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Jose Manuel Balbuena

RETORCIDA REALIDAD

Nuevos (y peligrosos) tiempos.

El profesor X estaba orgulloso: había recibido una invitación de la universidad de San Benito para impartir una clase magistral. Toda una vida dedicada a la investigación, por fin, tenía recompensa. Años de penuria y poco (o nulo) reconocimiento social tocaban a su fin. Vendrá, se decía, prensa, radio, televisión … y mi nombre aparecerá en un lugar destacado. El profesor X preparó su intervención con mimo. Casi con el esmero de un artesano para que todo quedase bien. Llegado el día, faltaría más, allí se presentó muy ilusionado con sus teorías debajo del brazo. Estaba el rector y todos los cargos políticos: desde el ministro de Educación hasta el alcalde. Nada más comenzar su discurso empezaron los gritos. Al principio, no eran muy molestos pero fueron subiendo de tono. Tal fue así que tuvo que interrumpir su conferencia. La sala se llenó de pancartas y un grupo de jóvenes había subido al escenario. Imposible seguir. Al día siguiente, los titulares no reflejaban lo que había dicho a duras penas el profesor X, sino el carácter de la protesta que derivó en incidentes violentos. Bien, esto que me acabo de inventar es una realidad en casi cualquier universidad  española. No tienen que ir muy lejos para encontrarlo: fue lo que le sucedió ayer en la Facultad de Económicas de la Universidad de Oviedo a Ferrán Adrià. El afamado cocinero se disponía a dar una charla cuando un grupo de estudiantes subió al estrado con su pancarta. ¿Cuál es la noticia hoy: que Adrià estuvo en la Universidad o que le interrumpieron? ¿Le habrá hecho gracia al patrocinador que pagó –generosamente, supongo- al chef por venir? ¿Tenía que ver algo su cocina con la huelga de estudiantes y sus reivindicaciones? Entonces, ¿por qué no se le dejó impartir su clase libremente?

Pero el tema, ojo, no se queda ahí. Si Adrià llega a ser un político la cosa hubiese acabado mucho peor. Hace poco se celebraba el juicio contra el grupo de estudiantes que impidieron a Rosa Díez dar una conferencia en Barcelona. La diputa magenta decía que le llegaron a apuntar con el dedo a modo de pistola, además de llamarla fascista desde el minuto uno. Lo mismo que Carrillo, Josep Piqué, Aznar, etcétera. La Complutense en Madrid está siendo objeto estos días de una auténtica batalla campal. Los cuerpos de seguridad del Estado, al acudir al campus, fueron recibidos con un «vamos a matar a un policía». También hay que decir, bien es cierto, que los mismos estudiantes expulsaron de su manifestación a los violentos. El rector de la Universidad de Oviedo, Vicente Gotor, acabó zarandeado hace unos días por un grupo de estudiantes. Estaban protestando por el cierre de una biblioteca y, Gotor, profundamente contrariado, afirmaba que le habían preparado una encerrona. ¿Es esta la universidad que queremos donde nadie puede ir a expresar su opinión? ¿En la que cualquier político tiene que salir escoltado? ¿En la que una charla acaba reventada por las protestas continuas? Nuevos (y peligrosos) tiempos.

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Por JOSE MANUEL BALBUENA

Sobre el autor

Economista y empresario. Colaborador de EL COMERCIO desde hace ya muchos años. Vamos, un currante en toda regla


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