A mí me sorprendente lo que está pasando en el PSOE. Quiero decir que nadie hubiese previsto esta situación -el que el partido pudiese perder las elecciones del 25-M de manera dolorosa- no deja de ser absolutamente increíble. Tal parecía como si, a todas luces, no se pensase en otro resultado que una victoria sacando un voto más que el PP. De haber tenido un plan B para una mala noche electoral, sin duda, nada de lo que hemos visto se hubiese producido. Primero, porque el mecanismo de sucesión estaría más que claro para todo el mundo y segundo, porque ahora mismo hablaríamos quizá de ideas y no de personas. Una especie de guerra abierta de «quítate tú para ponerme yo» que en nada favorece al partido. A la dimisión de Rubalcaba, lógica si tenemos en cuenta la pérdida de 9 eurodiputados, le han sucedido una serie de acontecimientos que han sumido a los socialistas en una ceremonia de la confusión. Pérez Rubalcaba convocó un congreso extraordinario pasando por encima de unas primarias que ya tenían fecha. Esto, claro está, no gustó nada a los futuros candidatos que ya las estaban casi preparando. Digo más, muchos de ellos no se fiaron de esta maniobra, puesto que, los delegados, podían elegir un secretario general a base de apaños. Vamos, lo de los pasillos de los congresos de toda la vida. Al final, se impuso la «fórmula Madina» con el voto directo de los militantes, eso sí, de manera no vinculante. Es decir, los que votan de verdad en el congreso –esperemos que la voluntad de la militancia- van a ser los delegados. Mientras tanto, los barones ya sitúan a Susana Díaz como aspirante a la Secretaría General, y Carmen Chacón se retira para centrarse en unas (si llegan) primarias abiertas. Lo que yo me pregunto es si este batiburrillo traerá algo bueno o aguas más revueltas. No entiendo muy bien el que, si los militantes ahora van a elegir a su secretario general, tengan que votar de nuevo para el candidato electoral. ¿Habrá, entonces, una bicefalia dentro del PSOE? ¿Estará por un lado un candidato y por otro el secretario general? ¿Cómo será su convivencia? ¿Acaso la militancia puede visualizar a algún otro candidato que no sea un secretario general recién elegido? Sí, ya sé, no es ésta la primera vez que se da esta figura en el PSOE. Sin embargo, si lo que el partido busca es estabilidad –la necesita, diría yo- la fórmula de tener dos cabezas en absoluto favorece. Posiblemente, quien salga elegido secretario general tendrá un plus sobre el resto para adjudicarse la candidatura a la Presidencia del Gobierno. No obstante, todo puede cambiar de nuevo si en las elecciones autonómicas y municipales de dentro de un año el resultado vuelve a ser negativo.
Desde luego, la imagen que está dando el PSOE en estos momentos no es buena. La lucha descarnada de poder entre los posibles candidatos a la secretaría general esconde el verdadero debate: por qué el 25-M se produjo una auténtica sangría de votos hacia otras opciones. Nadie, de momento, parece querer entrar en ese análisis y sí en el de la persona a poner en el cargo. En absoluto, se está produciendo ninguna catarsis sobre por qué se han perdido 2,5 millones de votos, cuando, en realidad, es lo que está esperando la mayoría de su electorado. La casta, en palabras de líder del Podemos, Pablo Iglesias, parece que prevalece.