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Jose Manuel Balbuena

RETORCIDA REALIDAD

Imprescindibles primarias.

Las primarias producen estrés. Sólo con ver el proceso en el PSOE se da cuenta uno de ello. Es un instrumento, sin ninguna duda, que genera una tensión increíble dentro de la organización. La pone, por decirlo de alguna manera, al borde de un ataque de nervios (Almodovar sic). Observen  si no como el PSOE tiene todo el aparato en pie de guerra. Los militantes inquietos por ver a quién dan su aval y después voto, las federaciones en alerta por no coincidir a veces con sus dirigentes, los candidatos en una paz artificial para no despellejarse mutuamente en público. El último choque, bien es cierto, viene motivado por la procedencia de los avales. El candidato Eduardo Madina quiere saber de dónde proceden las garantías de sus rivales. ¿Por qué? Pues, porque intenta conocer a qué lugares tiene que ir a pedir el voto con mayor denuedo. En otras palabras: quiere saber a quién tiene que convencer para recabar su apoyo. A Madina, como no podía ser de otra manera, le ha sentado mal que Pedro Sánchez sacara más de 16.000 avales de diferencia. No se lo esperaba y quiere saber quién le ha traicionado. Quién le ha dado su palabra y luego ha cambiado de opinión. Es verdad que los avales no son votos y todavía queda lo más importante, pero cuando el río suena… Como digo, las primarias son extenuantes pero se hacen imprescindibles. El electorado hoy en día –entendiendo a militantes y simpatizantes de un partido- lo exige como prueba de que un partido funciona de forma democrática. A la política, en estos tiempos de crisis, se la requiere para cambiar hacia nuevas formas. Nadie entendería que un candidato cualquiera –a elecciones o dirigente interno- se eligiese dentro de un conciliábulo. En un lugar oscuro y por unos cuantos que lo señalan con el dedo de forma obscena. El PSOE tiene la ventaja de que es el primer gran partido que ha puesto en marcha este mecanismo para buscar secretario general. Sí, ya sé que otros lo han hecho antes, pero, bien es cierto, no movilizan a más de 200.000 militantes para pedirles su opinión. A mí las primarias, desde un punto de vista organizativo, me parecen un follón inmenso. Una forma de gastar fuerzas cuando hay que reservarlas para épocas electorales. Sin embargo, no veo vuelta atrás. En 2014 los candidatos y dirigentes: o se escogen de esta forma, o serán penalizados en las urnas. En estos tiempos donde todo se revisa, las entrañas de los partidos también tienen que regenerarse.

Sólo queda saber si el PP, el otro gran partido, aceptará esta fórmula. Hasta ahora, no ha sido muy dado a ello. Más bien, sus maneras son las tradicionales: congresos dirigidos donde los delegados ya saben de sobra a quién votar. Espontaneidad, poca o ninguna. Todo atado y bien atado por el aparato. Así, por lo menos, ha sucedido desde que Aznar señalase a Rajoy como sucesor. Y así, como es lógico, viene reflejado en sus estatutos. El problema vendrá cuando los resultados no sean buenos. A las primarias se las puede eludir con la victoria, pero, en las derrotas, es mucho más complicado que haya consenso sobre quién debe dirigir el partido. No sé, pero mucho me temo que, a partir de ahora, las primarias van a ser necesarias para todos.

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Por JOSE MANUEL BALBUENA

Sobre el autor

Economista y empresario. Colaborador de EL COMERCIO desde hace ya muchos años. Vamos, un currante en toda regla


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