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Jose Manuel Balbuena

RETORCIDA REALIDAD

Conjugando dimitir.

¡Qué mal se conjuga el verbo dimitir en nuestro paraíso natural! Más o menos, la forma en la que se hace es así: tú dimites, él dimite, vosotros dimitís, ellos dimiten. Como ven, falta la primera persona porque nunca se quiere utilizar. La dimisión es fácil de pedir para los demás pero, cuando le toca a uno, ¡oh milagro!, entonces sirven todo tipo de excusas. Digo esto ya que, a todas luces, el caso del primer teniente de alcalde de Oviedo, Jaime Reinares, es de libro. Le han condenado a un año de cárcel, multa (3.600 euros), indemnización (6.000 euros) y está inhabilitado para ser candidato electoral durante el periodo de la pena. En definitiva, todo un póquer de ases que, digo yo, no puede ser en absoluto compatible con la concejalía de Economía en el ayuntamiento ovetense. Sin embargo, Reinares de momento ha dicho que no dimite, aunque, bien es cierto, cada hora que pasa le es más difícil sustentarse en el cargo. Poco a poco lo van dejando solo. Reinares, ojo, 27 años como edil en la capital, resultó condenando por revelación de secretos. Presuntamente difundió unos correos electrónicos privados de la exsecretaria de la Sindicatura de Cuentas, Rosa Zapico. Quería demostrar con ello una supuesta persecución política hacia el Ayuntamiento por el caso villa Magdalena, y  convocó una rueda de prensa haciendo públicos los correos a pesar de que  eran robados. Todo ello, según el juez, a sabiendas del origen ilícito de los mismos. Pues bien, Reinares sostiene que ni robó ni mató –lo cual es verdad, dicho sea de paso- pero un cargo público no puede utilizar información ilegal a sus conveniencias. Se mire por donde se mire, el «caso Reinares», no tiene vuelta de hoja: se trata de saber cuándo y de qué forma va a dejar el Ayuntamiento de Oviedo. El PP no puede andarse con zarandajas aunque le resulte doloroso. Estaría, para más inri, incumpliendo su propio código ético redactado de nuevo en 2012. Además, si recuerdan a Jaime Reinares no le dolieron prendas a la hora de pedir otras  dimisiones. La última, una concejala de Foro Asturias por un incidente de tráfico en el Naranco. Como digo, en nuestro paraíso natural dejar el cargo es lo último que se piensa. Le pasó al PSOE con el exalcalde de Cudillero, Francisco González. También IU donde, Ángel González, no sólo no dimitió; sino que incluso tuvo que ser echado por el Parlamento asturiano. A su juicio, aún condenando por haber fraccionado ilegalmente contratos en su época en la consejería de Bienestar Social, podía seguir ejerciendo como diputado. Tres casos completamente diferentes pero con algo en común: la resistencia numantina a dejar el puesto. El pensar, si quieren verlo así, que su cargo político es compatible con todo. Ay…

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Por JOSE MANUEL BALBUENA

Sobre el autor

Economista y empresario. Colaborador de EL COMERCIO desde hace ya muchos años. Vamos, un currante en toda regla


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