Existió (y existe) en este país toda una casta financiera. En la terminología de Podemos, se trataría de un grupo de privilegiados –intocables, diría yo- que durante un tiempo estuvieron manejando de forma impune la mitad del sistema financiero español. Sí, más o menos eso representaban las cajas de ahorro ahora reconvertidas en bancos. Vean por qué se lo digo. Ayer supimos que una de las antiguas cajas, Catalunya Banc, fue vendida al BBVA por 1.187 millones de euros. Algunos respiraron de alivio, ya que, tal y como iban las cosas, la oferta del BBVA fue la menos mala. Así y todo, el resultado para las arcas del Estado no pudo ser más penoso: perdió (perdimos) 12.050 millones de euros en ayudas aportadas. Y, cuidado, podía haber sido incluso peor porque igual se iba a tener que liquidar la entidad ante la falta de compradores. Entonces, el agujero hubiera representado ni más ni menos que 13.000 millones de euros. El responsable de todo este desaguisado se encuentra imputado, cierto, pero no juzgado. Se llama Narcís Serra (el de la foto): ex ministro socialista del gabinete de Felipe González que tocaba el piano. En la actualidad, no tiene empacho en asistir regularmente a actos de la alta clase empresarial en Cataluña y es, además, consejero de Telefónica para Latinoamérica. Se preguntarán ustedes, ¿y qué conocimientos financieros tenía el señor Serra para ser presidente de una entidad financiera? Pues ninguno. Lo pusieron ahí a dedo por interés político y, al final, hundió la caja. Lo mismo que el presidente de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) que era, pásmense, director de un concesionario de coches. O que el propio Miguel Blesa de Caja Madrid, el más mediático de todos, ex inspector de Hacienda. Hablamos, pues, de una casta financiera en toda regla protegida por los políticos de turno que produce vergüenza ajena. Sus manejos han costado, sumando ayudas, Esquema de Protección de Activos y demás; ojo, entre 100.000 y 120.000 millones de euros. Dinero que, supuestamente, tienen que devolver al FROB pero que, como se pudo ver con Catalunya Banc, acaba comiéndose el Estado (nosotros) en forma de agujero. Como digo, Catalunya Banc no será, ni mucho menos, el último caso que veremos. Tendremos que tragar mucho más.
Lo curioso es que esta casta financiera no ha sido juzgada por la mala gestión, sino por su salida de las entidades que arruinaron. En el caso de la CAM, por ejemplo, la cúpula fue condenada por concederse planes de jubilación millonarios. Todos se han buscado, más o menos, un retiro feliz que la Justicia ha puesto en entredicho. Sin embargo, el por qué han creado un agujero de tan disparatadas dimensiones sigue impune. Es más, en el caso de Blesa de Caja Madrid el que salió escaldado fue el juez, Elpidio Silvia. El estrambótico magistrado quedó apartado de su profesión por meterlo en la cárcel de forma irregular. Todavía estamos esperamos, en el caso de Narcís Serra, que alguien lo juzgue por una gestión peor que mala.