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Jose Manuel Balbuena

RETORCIDA REALIDAD

Canción triste del socialismo asturiano.

Hubo tiempos mejores para la Federación Socialista Asturiana (FSA) en Madrid. Quiero decir que una comunidad donde llevan ganando desde tiempos inmemoriales, ha salido maltratada del último congreso. Si recuerdan, las quinielas daban al presidente del Principado, Javier Fernández, como candidato a un puesto de relevancia. Tanto, que se sumaban los apoyos calificándolo incluso como un referente dentro del partido. Alguien que debía señalar el camino. Pues bien, si no  llega a ser por el malestar de la delegación asturiana a última hora se queda sin nada. De lo prometido por el nuevo secretario general, Pedro Sánchez, ni rastro. Tenía garantizada la presidencia del Consejo de Política Territorial como hasta ahora, pero tener que colocar a Susana Díaz dentro del aparato lo descabalgó. Primero las damas y si, encima, aportan la mayoría de los delegados, más. Susana Díaz es una política hábil: mueve sus hilos para ir colocándose ella y los suyos. No quiso ser presidenta del PSOE –porque no tiene ninguna transcendencia política- pero sí de los barones. ¡No sabe nada la andaluza! De primera mano, derrotó a Fernández a quien dejó con lo justo. Pedro Sánchez le creó un Consejo para la Transición industrial que no sabemos muy bien qué es. Dicen, los que han querido quitarle hierro al asunto, que Fernández sabe mucho de energía y por eso se lo han inventado. Sin embargo, no deja de ser un placebo “ad hoc”. Un instrumento para estar en la Ejecutiva sin peso político ninguno.  Algo, digámoslo así, para contentar a los sufridos asturianos y que no se marchen con las caras largas. Sin duda, el apoyo masivo a Madina de la FSA en las primarias les ha pasado factura. También, que Susana Díaz es el PSOE y punto. Se hacen las cosas tal y como ella va dictando. Sin exponerse demasiado –para no quemarse- pero con el guión que ha escrito de su puño y letra. No puede estar más claro quién va a mandar en el socialismo español durante los siguientes años. Eso sí, a la sombra.

Por otra parte, resulta curioso cómo se ha plegado el partido a la federación andaluza. Sí, vale, ahí los socialistas llevan ganando elecciones desde que se creó la autonomía, pero, pregunto, ¿es un modelo exportable? ¿Puede otra comunidad cualquiera regirse por la particular idiosincrasia de los andaluces? Recordemos que Andalucía tiene un 34% de paro y el desempleo juvenil más alto de Europa. A eso debemos sumar escándalos tan sonados como los ERE falsos, o el chanchullo permanente en los cursos de formación. Así y todo, la alternancia de gobierno en Andalucía es una quimera. Los socialistas siguen, erre que erre, ganando elecciones. Una red clientelar, tejida como una tela de araña, lo permite. Repito, difícilmente cualquier otra comunidad del Estado aceptaría estos patrones sin un varapalo electoral. En Andalucía, sin embargo, los socialistas a lo más que han llegado es a un gobierno de coalición con IU. Eso de abrir las ventanas para que entre aire fresco no se da por aquellas tierras. Más bien, es una involución permanente donde, incluso, Susana Díaz, ni siquiera ha pasado por las urnas.  El anterior presidente, José Antonio Griñán, acosado por los ERE, la nombró a dedo. ¡Y encima es un referente, oigan!

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Por JOSE MANUEL BALBUENA

Sobre el autor

Economista y empresario. Colaborador de EL COMERCIO desde hace ya muchos años. Vamos, un currante en toda regla


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