Una. Imaginemos la siguiente situación. Antes de empezar la liga de fútbol, la Federación estuvo pensando en permitir más de tres cambios por partido. Sin embargo, no lo llevó a cabo. En la última jornada, y cuando varios jugadores de un equipo que se juega el campeonato están tocados, impone la norma. ¿Sería eso acaso justo? Pues bien, más o menos es lo que se quiere hacer con lo de la elección de alcaldes de forma directa. El Gobierno ha tenido casi tres años para llevarla a cabo y justo ahora, decide ponerla en marcha nueve meses antes de los comicios. ¿Por qué? Básicamente, al ver los resultados del 25-M, a la postre, las elecciones Europeas. Sabe de sobra que los consistorios van a salir muy fragmentados. Dicho de otra forma: el voto castigo que se vio se volverá a repetir. Por tanto, intenta introducir el discurso de que la elección directa es lo que se lleva por Europa y lo mejor para la gobernabilidad. Pregunto, si el resultado en las Europeas hubiese sido un triunfo aplastante del PP, ¿se llevaría a cabo esta reforma apresurada? Yo creo que tampoco.
Dos. Por si fuera poco, la propuesta tiene sombras que es necesario aclarar. Dicen que el futuro Alcalde tendría que tener más del 40% de los votos, o someterse a una segunda vuelta. Pero, bien es cierto, no se sabe cómo va a gobernar. Si lo hace con mayoría absoluta resultaría absurdo el papel de la oposición. Cuatro años sin que ninguna de sus iniciativas pudieran ser aprobadas: vamos, casi como espectadores de lujo en los plenos. Y si luego se atiende al juego de pactos de cada partido, el Ayuntamiento de turno puede resultar igual de ingobernable. Díganme si no un Alcalde que no puede aprobar unos presupuestos, o sacar adelante un Plan General de Ordenación para la ciudad. En definitiva, un equipo de gobierno que estaría siempre bloqueado por la oposición. Como ven, las cosas hay que pensarlas bien y sin prisas.
Y tres. Al PSOE no le gusta la reforma. Sin su concurso se me antoja muy difícil llevarla a cabo. Es más, su aportación a la misma es que se impongan primarias en los partidos. O sea, que se hagan por Ley de cara a democratizar el proceso de elección de candidatos. Ahora bien, yo entiendo que las primarias impuestas pueden no producir dicho efecto. Si el partido de turno no cree en ellas, las hará como una formalidad más. Los socialistas lo deberían de saber bien a tenor de lo que sucedió en Andalucía: Susana Díaz secó los avales de sus competidores sin que pudiera presentarse nadie más. Quiero decir, pues, que el proceso de primarias debe realizarse con la convicción plena de cada partido. Si no, obviamente, de nada servirán.
Nota: En la foto pueden ver los ayuntamientos asturianos que hubiesen cambiado de regidor con la elección directa.