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Jose Manuel Balbuena

RETORCIDA REALIDAD

Asturias menguante.

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El declive demográfico es un hecho que ya afecta a nuestras vidas. No sólo un dato frío que de vez en cuando nos facilitan, sino que está presente. Ejemplo, ¿por qué creen que en el Principado no se está produciendo ese auge inmobiliario que vemos en otras comunidades? Muy sencillo: porque somos menos y más envejecidos. Por tanto, nuestras necesidades de vivienda son menores. El dato del Instituto Nacional de Estadística (INE) es claro: en un año hemos perdido 6.825 habitantes. Estamos en 1.028.135 asturianos cuando en los años 80 nos encontrábamos en 1.130.000. A partir de ahí, el descenso absoluto. La cuesta abajo para un paraíso natural que ha perdido casi todo: desde los puestos de trabajo, hasta la población. A este ritmo, en poco tiempo, mucho menos de una década, bajaremos de la barrera psicológica del millón de habitantes. Seremos casi más una provincia que comunidad autónoma. El problema (problemón) que tenemos encima es de órdago.

Además, de difícil solución porque estos procesos -dicen los geógrafos- tienen muy mal arreglo y llevan tiempo. Máxime, si tenemos en cuenta que estamos intentando paliarlo con lo que mejor sabemos hacer: dar subvenciones. Las escasas políticas que se llevan a cabo para intentar mitigar este declive, reinciden una y otra vez en repartir el dinero público como incentivo. O quizá, en el mejor de casos, con medidas para conciliar la vida laboral y familiar. Algo que está muy bien, pero que no va al meollo de la cuestión: vía maternidad no vamos a recuperar el padrón. Cada mujer del Principado tendría que tener del orden de siete hijos para ver algún repunte demográfico. Como ven, del todo imposible. ¿Cuál es, pues, la mejor opción? Sin duda, atraer a colectivos sensibles al factor trabajo. Es decir, emigración. Es la única posibilidad que tiene Asturias (y España, y Europa) para parar esta sangría y además rejuvenecer.

Sin embargo, nos encontramos con que somos la tercera comunidad española que menos extranjeros tiene. Mientras que aquí el porcentaje de población extranjera es del 3,9%, en España está en el 10,1%. Mientras que en las zonas con mayor pujanza económica incrementan (o mantienen) el censo por esta vía, en Asturias somos incapaces de ofrecer esta posibilidad a quienes quieran establecerse. Les damos ayudas, eso sí, pero no puestos de trabajo. No es casualidad que las dos comunidades que menos extranjeros tienen (Galicia y Extremadura), estén también encabezando los índices del paro. Hay una correlación directa entre ambas magnitudes: a más empleo, mayor población. Si queremos de verdad recuperar habitantes, tenemos que volver al espíritu de los sesenta. Década en la que Asturias fue ganando peso en base a recibir emigración gracias a una industria emergente. Lo contrario, o sea, pensar que con el presupuesto vamos a revertir esta situación, es equivocarnos completamente.

@balbuenajm

Por JOSE MANUEL BALBUENA

Sobre el autor

Economista y empresario. Colaborador de EL COMERCIO desde hace ya muchos años. Vamos, un currante en toda regla


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