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Jose Manuel Balbuena

RETORCIDA REALIDAD

Seguimos igual.

suciedad-playa-san-lorenzo-kzag-u5020329747551f-624x385el-comercioSábado por la mañana. Día nuboso y noche anterior de fuertes lluvias. Nuestra playa de San Lorenzo amanece con agua de color marrón. Debido al mal tiempo no hay mucha gente. Algún que otro bañista ocasional y los tradicionales amantes del surf. A todos les llama la atención, no sólo el color del mar, sino también una especie de espumas que llegan a la orilla. Al acercarse se dan cuenta de su peculiar olor. Como a heces, por no decir, claro, a mierda. Es la queja unánime que sale del arenal: ha llegado un vertido de origen fecal. Entonces, comienzan las teorías. Algunos lo achacan a que los colectores, debido al agua acumulada, fueron rebasados y vertieron directamente al mar. Otros a que se ha producido una rotura en el emisario submarino de Peñarrubia. Otros a que carecemos de depuración en la zona Este. Otros a los arrastres por la crecida del Piles… En definitiva, lo único cierto es que el vertido es absolutamente repugnante y que en pleno verano -imagínense la escena- hubiese sido un desastre en toda regla. Algo que difícilmente el turismo nos hubiese perdonado.

A esto hay que añadir los episodios de carbón -procedente del «Castillo de Salas»- que reaparecen con los temporales. Este año han sido dos. Uno en febrero de gran magnitud y el siguiente en abril. Aproximadamente, según el Principado, se sacan unas treinta toneladas de carbón de nuestra playa anualmente. Más que de las minas. El caso es que resulta difícil entender que nos vuelva a suceder. Es decir, que los tapones de grasa de los colectores -según los técnicos en un primer análisis- lleguen a San Lorenzo. Es cierto que las lluvias fueron intensas este fin de semana, pero tampoco tuvo lugar el diluvio universal. Como digo, imagínense que en plena temporada de baños y con un día radiante la gente se hubiese acercado en masa. Ahora estaríamos hablando de que la gran mayoría -a través de las redes sociales y con saña- estaría poniéndonos a parir. En «Gijón te bañas entre la mierda», cuando no cosas bastante peores.

Francamente, no lo entiendo. Creo que no somos conscientes de que nuestro principal activo está en la costa. El turismo viene a esta ciudad para disfrutar del mar. Sin embargo, les ofrecemos aguas sin depurar y un único pozo de tormentas situado en la plaza Máximo González. No hay más sistemas operativos para evitar colapsos en el alcantarillado ante las tormentas. Hay previstos dos más: en el Arbeyal y el parque Hermanos Castro que no acaban de ver la luz. El primero, porque todavía se adjudicará en junio, pese a que la calle Brasil y parte de La Calzada se inunda de formar regular. Y el segundo, presuntamente en marcha a finales de año con bastante retraso. Resumiendo: por unas cosas u otras, seguimos igual.

@balbuenajm

Por JOSE MANUEL BALBUENA

Sobre el autor

Economista y empresario. Colaborador de EL COMERCIO desde hace ya muchos años. Vamos, un currante en toda regla


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