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Jose Manuel Balbuena

RETORCIDA REALIDAD

Como un globo.

pisos-turisticos-regulacion2-kwth-u601018446439leb-624x385rcCada día esta ciudad es más turística. Y no lo digo yo, sino los datos que aportan las diferentes administraciones. En este verano que acaba de terminar, Gijón resultó ser el destino favorito del norte. En agosto, según una conocida central de reservas, la ocupación estuvo por encima del 73%, mientras que en septiembre sólo fue superado por San Sebastián. Según pudimos leer en estas mismas páginas, cuatro nuevos hoteles van a abrir a corto plazo formando ya un amplio mercado que cuenta con 2.335 habitaciones y 4.465 plazas. A esto hay que añadir el «boom» de las Viviendas de Uso Turístico (VUT). Ya saben, los pisos de alquiler de veraneo de toda la vida que ahora se llaman así. Los datos a este respecto son claros: al aumento de la oferta (que se ha multiplicado por nueve), se une la alta demanda que les hizo tener una ocupación del 85%. Sí, Gijón durante los meses estivales parece un globo que se hincha, pero que en estas fechas sufre el efecto contrario: parece quedar vacío. Es decir, podríamos afirmar que hay un claro fenómeno de estacionalización que afecta a nuestras vidas. En julio y agosto estamos inmersos en un agobiante bullicio -casi no podemos ni respirar-, pero en septiembre llega la calma y muchos establecimientos cierran para tomar unas merecidas vacaciones. Cuando no, como sucede en muchos lugares de la costa asturiana, los negocios se plantean abrir sólo durante las temporadas vacacionales (Semana Santa, puentes señalados y verano), estando el resto del año cerrados por no ser rentables.

Esta especie de burbuja turística -la pasada temporada en España fue récord de visitantes- está bajando. Las estadísticas respecto a este ejercicio ya no son tan buenas. El turismo, como industria volátil que es, ha elegido otros destinos que se han hecho más baratos o atractivos. Sin embargo, dada la estructura de nuestro visitante -mucho más nacional, aunque haya subido el extranjero- aquí no se ha notado demasiado. Gijón estuvo a reventar durante este verano, pese a que el tiempo no siempre acompañó. ¿Es bueno que el motor económico de esta ciudad sea el turismo? ¿Qué todo lo que se abra vaya orientado hacia el mismo? ¿Acaso no han notado que un buen número de pisos en los edificios sólo están habitados durante las vacaciones? ¿Acaso no han visto como muchas viviendas que estaban en el alquiler tradicional se han transformado en VUT, al socaire de este nuevo maná? Algo, por cierto, que lleva a tener dificultades a quienes quieren arrendar para establecer su residencia habitual. El problema, insisto, como sucede en muchas poblaciones de la costa asturiana, llega con el invierno al darnos cuenta de una cosa: nuestra población sólo crece con las oleadas de turistas. Somos cada vez menos salvo cuando llega la marabunta turística. Paradoja que tiene una muy mala solución.

@balbuenajm

Por JOSE MANUEL BALBUENA

Sobre el autor

Economista y empresario. Colaborador de EL COMERCIO desde hace ya muchos años. Vamos, un currante en toda regla


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