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Jose Manuel Balbuena

RETORCIDA REALIDAD

Arrastrándonos por el barro.

39948245-624x332Podemos dar la legislatura por acabada. Sí, ya sé que estamos en noviembre y las elecciones son en mayo del año que viene. Hasta ahí llego. Ahora bien, el que no haya presupuestos para 2019 -cosa que estaba cantada- es una especie de bajada del telón a estos cuatro años. Los grupos municipales, en general, ni han intentado llegar a un acuerdo. Eso sí, se lanzaron reproches a tutiplén. Desde la oposición dicen que el equipo de gobierno presentó las cuentas sin fe. Esto es, muertas antes de nacer. No les falta razón. Sabían nuestros gobernantes de sobra cuál iba a ser el resultado final. Desde Foro señalan que el resto de los grupos ni llegaron a presentar enmiendas. Fue un rechazo a la totalidad del proyecto desde el primer momento. Su crítica hacia la oposición, claro, también es correcta.

Sin embargo, el problema es que nos encontramos de nuevo ante el «día de la marmota»: sin presupuestos una vez más. Tirando por segundo año consecutivo de una prórroga, lo cual no había sucedido nunca en el municipalismo gijonés. Tendrá nuestro Ayuntamiento que sobrevivir a base de utilizar el mecanismo de modificaciones de crédito. Un camino embarrado, penoso y que se hace muy cuesta arriba. A inversiones, subvenciones y gastos de personal les toca sufrir sobremanera. La nueva sede de la Policía Local, como podían leer ayer en estas mismas páginas, tendrá retrasos. Igual que la Escuela Infantil de Contrueces que va a esperar, como mínimo, a febrero. No vamos a hablar ya de quien tenga que cobrar una subvención, porque antes les saldrá pelo a las ranas.

Verán, la legislatura que iba ser la del pacto ha resultado un tremendo fracaso. Sólo dos hechos puntuales -el nuevo PGO y plan de vías- han alcanzado un cierto grado de consenso. Lo demás, ha sido una pelea continua y lucha descarnada desde las trincheras de la política. Comenzando por lo que el Consistorio debería de tener absolutamente claro: resulta imprescindible dotar de unas cuentas a la ciudad. Así y todo, sólo se ha conseguido en un ejercicio de cuatro posibles. Eso, teniendo en cuenta además que, a quien permitió que se pudieran aprobar con su abstención, a la postre, Xixón Sí Puede, le costó un disgusto muy gordo. Hubo hasta un terremoto interno. Por tanto, ya me dirán si el balance final podemos considerarlo positivo. Si las colas ante los centros municipales para pedir ayudas -la famosa renta social se agotó prácticamente en el primer día- es algo de lo que estar orgulloso. O si, como va a pasar, ser incapaces de parchear (no digo ya remodelar) avenidas como Pablo Iglesias o Manuel Llaneza, es para tirar cohetes. O si, tener que aplicar un plan económico -financiero por incumplir la regla de gasto, es para sacar pecho. Entonces, ¿qué nos queda de aquí a mayo? Arrastrarnos por el barro. Es lo que hay.

@balbuenajm

Por JOSE MANUEL BALBUENA

Sobre el autor

Economista y empresario. Colaborador de EL COMERCIO desde hace ya muchos años. Vamos, un currante en toda regla


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