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Jose Manuel Balbuena

RETORCIDA REALIDAD

Los chorras del patinete.

47375555-624x400Seguro que a ustedes, igual que a mí, les llama poderosamente la atención estas nuevas formas de movilidad urbana. Hace cuatro días estábamos mirando con sorpresa una especie de monopatín de dos ruedas y con luces (“Hoverboard” me parece que es su nombre), mientras que sus antecesores ya se encuentran desfasados (los “Segway”). Todo el mundo -en esa especie de fiebre que hay por ser el más moderno- utilizaba los “Hoverboard” con denuedo. Niños y no tanto. Iba a ser el instrumento que cambiaría la forma de movernos dentro de la ciudad, vaticinando algunos incluso que se dejaría de caminar. Sin embargo, tal parece que ahora dejaron de estar de moda y lo que mola son los patinetes. ¡Quién lo iba a decir! A lo que para muchos es un recuerdo de la infancia, se le acopla un motor eléctrico y a correr. Bien digo, porque esta nueva versión puede alcanzar hasta los 80 kilómetros por hora. Estamos, pues, ante un vehículo en toda regla y no un juguete para hacer el chorra.

patinete-kccd-u80950651933zuc-624x385el-comercioEso fue precisamente lo que ocurrió con el accidente que tuvo lugar esta semana en El Muro. Una pareja iba haciendo zigzag con uno de ellos por el carril bici y se llevó a un ciclista por delante. Todo ello, saltándose las normas de circulación más elementales. Por supuesto, y sin llegar a estos extremos, no deja de sorprender la laxitud en las normas que tiene esta nueva movilidad. Si causan un accidente, ni poseen el pertinente seguro de responsabilidad civil, ni mucho menos una matrícula que los identifique. Como dije, la velocidad que pueden alcanzar es notable y no se escuchan. Cualquiera puede encontrárselos encima de repente, porque no emiten el sonido de un motor tradicional. Esto, claro, incomoda a peatones, ciclistas y usuarios de los viales automovilísticos. Invaden, aunque no puedan, aceras y van como un rayo por cualquier tipo de carril. Y si se pasan de los límites permitidos, ¿cómo lo pueden saber si no tienen ni un simple contador de velocidad? ¿De qué sirve en este caso cualquier tipo de radar?

47404080-624x493Nuestra alcaldesa, Ana González, dice que no hay «demonizar» a los patinetes. Tiene razón porque también tienen ventajas: no ocupan aparcamiento, ni contaminan. Ahora bien, al coche en la práctica se la ha expulsado de la ciudad por su peligrosidad para el peatón, mientras que a estos aparatos se les deja vía libre para cualquier tipo de barrabasada. Es más, nuestro concejal de Medio Ambiente y Movilidad, Aurelio Martín, nos habla de un año de espera para su regulación. Oigan, en un Gijón que lleva dándole vueltas a su plan de movilidad durante años, ¿no es acaso un contrasentido que se limite a 20 kilómetros por hora la velocidad de los vehículos, pero a estos inventos no haya manera de controlarlos? Si esta nueva moda va a más como parece, ¿no tendremos que sufrir más accidentes por su culpa?

@balbuenajm

Por JOSE MANUEL BALBUENA

Sobre el autor

Economista y empresario. Colaborador de EL COMERCIO desde hace ya muchos años. Vamos, un currante en toda regla


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