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Jose Manuel Balbuena

RETORCIDA REALIDAD

Anatomía de una campaña.

Uno tiene la sensación de que no está en tiempo electoral. Es verdad que hay gente en los mítines (sobre todo de los primeros espadas de cada partido) o que el debate televisado del lunes tuvo bastante audiencia (sobre 9 millones de telespectadores). Sin embargo, el ambiente está frío. En las tertulias de café apenas se habla de política y por las calles no se ve ni rastro de las elecciones. Es como si esta campaña, la más corta de la democracia, quisiese pasar desapercibida. Sin molestar demasiado a un electorado ya muy hastiado de tanta convocatoria a las urnas. Si se han fijado, es difícil ver coches con altavoces pidiendo el voto y la publicidad, en otras ocasiones cansina hasta la saciedad, en la actualidad se reduce a los espacios habilitados para ella. No hay carteles que cuelguen de las farolas, ni pancartas que se colocan en los puentes. En resumen, que esta es una campaña forzada por las circunstancias y no convence a nadie.

El pasado sábado paseaba por las calles de Oviedo hacia las ocho de la tarde. Era el día después del comienzo de estos comicios y no lo parecía. Apenas encontré una carpa electoral, junto a un centro comercial, donde había dos desangelados militantes atendiéndola. Las sedes de los partidos se encontraban cerradas. Luces apagadas y sin nadie en su interior, cuando, en otras condiciones, debería ser un hervidero de gente que entra y sale. Llevando y trayendo cajas con pasquines para repartir en mano, sin ir más lejos. En Gijón sucede tres cuartos de lo mismo. Incluso hasta es difícil encontrarse con algún candidato cara a cara. Es más, en las distintas formaciones ni siquiera se apela a los indecisos como arma de última hora. Según la última encuesta del CIS son sobre unos dos millones de personas. Normalmente, en esta última semana se incide sobre ellos. Se les dice que vayan a votar o que se decanten por alguna opción. El discurso dirigido a los votantes de última hora para cambiar una tendencia marcada por los sondeos, ya ven, ni se utiliza como recurso.

Entiendo que esta campaña es tan particular por dos motivos. Primero, como digo, porque la gente está hasta el gorro. Ir a un ritmo de una convocatoria anual trae consigo la desmovilización. Vamos, que se tiene la sensación de que lo votado anteriormente no ha servido para nada. Y segundo, tal parece que las cosas van a seguir igual. Si se convocan estas elecciones para aclarar el panorama político, no parece que eso vaya a suceder. Más bien, todo lo contrario. Seguiremos enfangados en un laberinto político donde nadie puede formar una mayoría clara. Algo similar a lo que sucedido hasta ahora. O sea, un mar de infinitas negociaciones que quizá, otra vez, acaben sin resultado positivo. ¿Nos volverán a convocar por tercera vez? Yo diría que no se atreverán, pero…

@balbuenajm

Por JOSE MANUEL BALBUENA

Sobre el autor

Economista y empresario. Colaborador de EL COMERCIO desde hace ya muchos años. Vamos, un currante en toda regla


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