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Jose Manuel Balbuena

RETORCIDA REALIDAD

Los nuevos Bordini.

Muchos de ustedes recordarán a Los Bordini. Aquel grupo de funámbulos que cada verano venía por Gijón a finales de los ochenta. Sus ejercicios sobre el alambre eran famosos por el riesgo que tenían. Tiraban un cable desde casi cualquier sitio y se dedicaban a cruzar los cielos sin el más mínimo asomo de miedo, ni medida de seguridad por el medio. Lógicamente, eran otros tiempos. Incluso a alguno de sus miembros esas acrobacias le llegaron a costar la vida. Pues bien, hoy tenemos una nueva versión de Los Bordini en los usuarios de los ciclocarriles. Sí, ese invento de la tribu de la movilidad para meter bicicletas y patinetes eléctricos por zonas imposibles. En concreto, el experimento empezó en la avenida de la Costa y se dijo que era a modo prueba. Su mecánica es sencilla: cojo un carril de una las principales arterias, lo corto, pinto unas rayas en el suelo y se acabó. Ahí van los que pedalean jugándose la vida, entre un tráfico que va creciendo cada día con la llegada del turismo. Quienes lo probaron (unos valientes) dicen que la sensación de desasosiego es permanente. Coches que salen de los aparcamientos, se cruzan de carril o pasan peligrosamente a su lado. Por supuesto, no suelen repetir y desaconsejan la experiencia. Vamos, salvo que se quieran emociones fuertes.

No contentos con eso aún hay más: acaban de implantar estos engendros en Manuel Llaneza y la avenida de Pablo Iglesias. Incluso asumiendo mayores dosis de peligro, puesto que, en el cruce de ambas vías con la avenida del Llano, hay que cambiar de carril. Es decir, en Manuel Llaneza los ciclistas van por la derecha y, de repente, pasan en Pablo Iglesias a la izquierda. ¡Toma! Sin duda, si pasa algo -Dios no lo quiera- echaran la culpa a los coches. Dirán que iban muy deprisa o que no respetan nada. Sin embargo, todo debe tener su sitio en una ciudad. A nadie se le ocurría, por ejemplo, meter a las bicicletas por la autovía del Cantábrico. A todas luces, sería un suicidio. Seguro que en Gijón existen trayectos alternativos para las dos ruedas mucho mejores. Ahora bien, como la estrategia es expulsar al vehículo particular, los incrustan por los viales más complicados para señalar su maldad. Es más, según ha dicho el hiperactivo jefe de la tribu, Aurelio Martín, van a montar un carril bici en la calle General Suárez Valdés con un coste de 147.756 euros. En fin, será para entrenar al personal en subir cuestas.

@balbuenajm

Por JOSE MANUEL BALBUENA

Sobre el autor

Economista y empresario. Colaborador de EL COMERCIO desde hace ya muchos años. Vamos, un currante en toda regla


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