Esta semana celebramos el patrón de Gijón, es decir, San Pedro. En el Campo Valdés se volvió a recuperar la tradicional bendición de las aguas, tras dos años sin poder celebrarse por la pandemia. Eso sí, no contó con la presencia de nuestra alcaldesa, Ana González, ni tampoco de ningún miembro del equipo de gobierno. Algo que ha sucedido desde el principio de la legislatura y que es, digámoslo así, marca de la casa. Pues bien, como era inevitable, volvió a surgir el debate sobre si nuestra primera edil debe acudir o no a los actos religiosos, igual que hicieron todos los alcaldes y alcaldesas de la era democrática en nuestra ciudad. Ojo, la mayoría pertenecientes al socialismo y que nunca pusieron ningún problema. Es más, incluso el presidente del Principado, Adrián Barbón, acude anualmente a la basílica de Covadonga el Día de Asturias. Digamos, pues, que la postura de González es de índole personal. En ningún caso, obedece a una postura unificada dentro de su partido. De hecho, una de las medidas pendientes de aplicar en los acuerdos firmados con IU, es la elaboración de un reglamento municipal de laicidad. Una especie de compendio -por supuesto, anticatólico- donde se le impone a cada regidor lo que debe hacer. En otras palabras, se le impide participar en cualquier acto o que la ciudad tenga patrones religiosos. Imposición que se extiende también a los miembros de la Corporación. No sé, ¿acaso existe una demanda social intensa pidiendo la implantación de esta norma? ¿Había algún tipo de conflicto en Gijón por esto? En absoluto, de lo que hablamos, por tanto, es de pura y simple ideología. Hace poco supimos sobre el estado de dicho reglamento, asegurando desde el socialismo local que «estaba en el horno». Atención gijoneses, dentro de poco saldrá y calentará nuestras cabezas con su inmensa temperatura ideológica.
@balbuenajm