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Jose Manuel Balbuena

RETORCIDA REALIDAD

Panorama electoral.

En nuestro paraíso natural, se ha dado el pistoletazo de salida a las elecciones municipales y autonómicas del próximo año. El 28 de mayo, aunque no lo parezca, está a la vuelta de la esquina. Por eso, los principales partidos han puesto en marcha sus maquinarias electorales. En el PSOE, el presidente del Principado, Adrián Barbón, desvelará el próximo Día de Asturias si se presenta a la reelección. Nada indica que no sea así y todo apunta hacia una segunda candidatura. Ahora bien, el principal problema para Barbón viene desde Madrid. Si en 2019 el «sanchismo» impulsaba las velas de la nave socialista, en la actualidad representa un lastre. Las encuestas señalan que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pierde fuelle y en cada uno de los comicios celebrados, obtiene derrotas contundentes. Algo, claro está, que también afectará a los resultados en Asturias. El trabajo de la FSA se encuentra en que estas autonómicas no sean vistas en clave nacional, para evitar daños colaterales. Por su parte, en el PP sucede lo contrario: la llegada de Alberto Núñez Feijóo y su talante ha generado ilusión en el votante de centro. El gallego ha logrado afianzar su espacio electoral y mermar el crecimiento de Vox. Los populares asturianos confían en el tirón de su líder y la incógnita está en saber si será suficiente. Es decir, si un partido que lleva tantos años en la oposición -en muchas ocasiones encantados de estarlo- es capaz de ser alternativa de gobierno. Máxime, cuando dispone de una estructura débil (sólo 8 alcaldías frente a las 53 socialistas) y con un problema claro de legitimidad: no parece que se quiera convocar el famoso congreso regional, ni mucho menos los locales.

Por lo demás, todo parece indicar que vamos hacia un bipartidismo matizado. La Junta no tendrá solo tres grupos (PP, PSOE e IU) como sucedió en buena parte de su historia, pero tampoco siete como en la actualidad. No cabe duda de que el electorado asturiano va a dar a ciertas formaciones como amortizadas. Sobre todo, a aquellos de nuevo cuño que surgieron como reacción por el descontento ciudadano. En una situación de incertidumbre económica y más que posible recesión, el votante apuesta más por la gestión que por la revolución. No obstante, la política se ha vuelto líquida. Los movimientos en las urnas son impredecibles y cualquier cosa puede pasar. Habrá que ver como pasamos el inverno, fuente de malos presagios.

@balbuenajm

Por JOSE MANUEL BALBUENA

Sobre el autor

Economista y empresario. Colaborador de EL COMERCIO desde hace ya muchos años. Vamos, un currante en toda regla


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