Las ordenanzas fiscales para el año que viene traen consigo novedades. Algunas desagradables y otras, la verdad, bastante chocantes. Entre las primeras, destaca la subida en la tarifa del agua (5%) y recogida de basuras (30%). Un incremento notable -exagerado en materia de residuos- que afecta directamente al bolsillo de los gijoneses. Desde el equipo de Gobierno municipal han tratado de explicarlo al estilo Lola Flores minimizando su impacto en la cartera. Ya saben, decía la folclórica: «Si todos los españoles me pagasen una peseta, podría pagar mi deuda con Hacienda». Sin embargo, la realidad es que ambas tasas, en la inmensa mayoría de los casos, se abonan con la cuota de la comunidad de propietarios. Lo cual, insisto, notaremos bastante cuando se nos cargue cada mes. En cuanto a las segundas, las sorprendentes, está que quienes tengan un vehículo con etiqueta medioambiental no tendrán que pagar la tarifa de residentes de la zona azul. En cambio, quienes no dispongan del distintivo tendrán incluso un incremento. Sorpresa, digo, puesto que no se ha distinguido esta legislatura por su cariño hacia el vehículo particular. Más bien, todo lo contrario. Ha sido una persecución constante para evitar su uso y que permaneciese en el garaje. Eso sí, pagando los correspondientes impuestos municipales. Si ahora dan su gratuidad a los residentes es por algo y se me ocurren varios motivos. Uno, que se apruebe el Plan de Movilidad que levanta ronchas y no gusta ni a los propios socialistas. Recuerden que desde la actual Ejecutiva le mandaron un mensaje a IU para negociar. Dos, que como una de las medidas estrella es la ampliación de la ORA a más barrios, esto representa una forma como otra cualquiera de dulcificarlo. Y tres, se acercan las elecciones. La piel de cordero se impone sobre la del lobo. No esperen muchos más palos puesto que lo que toca ahora son zanahorias.
@balbuenajm