Sigue dando que hablar la Empresa Municipal de Servicios de Medio Ambiente (Emulsa). Ojo, y no precisamente para bien. Cuanto más se intenta desenredar el presunto caso de acoso sexual a varias trabajadoras, resulta evidente que se cometieron fallos clamorosos en la gestión de personal. De hecho, lo grave no solo es que un empleado supuestamente campara a sus anchas con conductas inapropiadas durante años, sino también que, existiendo un protocolo para combatir este tipo de actuaciones, ni siquiera fue detectado. Digo más, según parece, nadie sabía nada y a la vez era conocido por todos. En el seno de Emulsa es como si prevaleciese una especie de «omertá» siciliana. O sea, una ley del silencio en toda regla para que nada llegue o se filtre hacia el exterior. Fíjense que incluso las víctimas de estas conductas deleznables se están resistiendo a declarar y denunciar por las presiones ejercidas. Así lo ha dicho el propio presidente de la empresa de limpieza municipal, Olmo Ron. El concejal se salió con la suya el pasado miércoles cuando logró destituir al director gerente, Alfonso Baragaño. Eso sí, fue a la segunda, puesto que en un primer intento el consejo de administración lo rechazó. Esta vez, aunque con división política y sindical, consiguió al fin su propósito. Ron habla de pérdida de confianza en el gestor y que sin ese cese resulta imposible hacer las reformas necesarias. Ahora bien, tampoco conocemos cuáles son las medidas que se van a tomar, más allá de las decapitaciones laborales que estamos viendo. Esto es, si la Emulsa del futuro seguirá en la línea actual o bien veremos cambios a todos los niveles para que salga más fortalecida de esta crisis. En cualquier caso, tal parece que lo primero era construir un cortafuegos potente. Dicho de otra forma: una zona limpia de broza que vaya apagando el incendio, para que no aumente más aún el número de quemados.
@balbuenajm