Vaya por delante mi escasa simpatía hacia las Viviendas de Uso Turístico (VUT). Es más, yo diría que ninguna. Entre otras cosas, debido a los problemas de convivencia que generan. En los edificios donde proliferan la vida cotidiana se vuelve dura. Esto es, el trasiego de maletas, ruidos y alguna que otra juerga nocturna atormenta a los vecinos. Incluso en los barrios donde se ubican cambian por completo. Ojo, y lo digo con conocimiento de causa. Sin embargo, considero que el reglamento del Principado ha sacado a información pública para su regulación es leonino. Vamos, poco menos que intenta cerrarlos. Fíjense que hasta les impone cuánto tiene que medir el sofá cama del salón. En concreto, 1,35 metros. Pregunto, ¿a algún establecimiento hotelero le aplican una normativa semejante? En la era donde las opiniones digitales -generalmente críticas- sobre los bienes o servicios ofertados están a la orden del día, ¿hace falta regular cuánto tienen que medir las habitaciones o lo escoge el propio cliente? Como saben, la vivienda en alquiler está pasando una crisis de órdago por la falta de oferta. Desde luego, actuando de esta manera inquisitorial sobre los pisos turísticos, no se va a lograr que sus propietarios vuelvan al arrendamiento a largo plazo. Así no. Más que nada, porque el mercado está intervenido y ha dejado de ser libre. Sin ir más lejos, en nuestra ciudad dos zonas van a ser declaradas tensionadas (Cimavilla y La Arena) con lo que ello implica. A la postre, que las rentas tienen límite de precio. Por tanto, los arrendadores seguirán recelando a la hora de alquilar.
Sígueme en X
@balbuenajm