Esta semana la Consejería de Vivienda declaró dos zonas de mercado residencial tensionado en Gijón, a la postre, La Arena y Cimavilla. Barrios en los que las rentas estarán topadas, las subidas reguladas o las prórrogas serán forzosas. Dicho de otra manera: donde desparece el mercado y se impone el control férreo de los alquileres por parte de la Administración. Consecuencia: no habrá oferta de arrendamientos de larga duración, sino solo turísticos o de temporada. La medida, además de que no soluciona absolutamente nada, forma parte del problema. Sí, porque el meollo de la cuestión está en la nueva Ley aprobada en mayo de 2023. Desde entonces, la oferta de inmuebles ha desaparecido y el precio de los alquileres ha subido por las nubes. A quien decían proteger, esto es, a los inquilinos, les han hecho una norma intervencionista que ha tenido un efecto completamente contrario al buscado. Alquilar un piso es imposible puesto que no los hay y si algún afortunado lo encuentra, tendrá pagar una renta desorbitada. Los propietarios, antes de que su piso pase a realizar una función social a su costa, prefieren: o bien venderlo, o bien dejarlo cerrado. Jamás ponerlo en alquiler de larga duración. Por último, permítanme que haga un chiste de esta situación. Está el consejero de Vivienda, Ovidio Zapico, lanzando una soflama a una muchedumbre sobre los especuladores y blablablá. «Vosotros», dice, «¿qué preferís? ¿A nosotros o al mercado?» Y los arrendatarios responden al unísono: al mercado, al mercado…
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@balbuenajm