Los datos son apabullantes: la Zona de Baja Emisiones (ZBE) de Oviedo ha puesto casi 3.000 multas en dos meses de funcionamiento. Es decir, desde que se sanciona de forma efectiva la entrada en su perímetro. Ahora bien, si contamos desde la puesta en marcha del sistema de control con cámaras, tenemos la friolera de 37.850 accesos presuntamente irregulares. Por tanto, estamos hablando de un sistema que atrapa a los conductores como moscas en una tela de araña. Algo que en Gijón también se va a poner en marcha en La Calzada. Eso sí, a un ritmo muy diferente. En nuestra ciudad, todavía estamos discutiendo la ordenanza de la ZBE y su régimen sancionador entrará en vigor en 2029. Todo ello, por el compromiso municipal de no multar hasta que la zona oeste se encuentre libre del tráfico pesado. Pues bien, mientras el PSOE local ha renunciado a presentar enmiendas a la nueva normativa (considera que el actual modelo «Es un fraude de ley»), IU y Podemos quieren endurecerla aún más (incluyendo también la zona Centro). Dicho de otra manera: que prácticamente toda la ciudad sea refractaria al vehículo particular. Por supuesto, el gran sueño de la izquierda más radical: que se erradique por completo el uso del coche. Cosa que casi consiguen -acuérdense de los carriles bici pintarrajeados en la avenida de la Costa o el famoso «cascayu» del Muro- en la pasada legislatura. Recuerden, pues, que en cuanto entre en funcionamiento nuestra ZBE también quedarán atrapados en su tela de araña. No crean que se van a escapar.
Sígueme en X
@balbuenajm