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Jose Manuel Balbuena

RETORCIDA REALIDAD

Revolución de terciopelo.

En política siempre se cumple una máxima: cuando no se quiere dar voz a la militancia a través de un congreso (o primarias), se acaba haciendo en las urnas. Sí, es fácil de intuir este proceso y a los populares no es la primera vez que les sucede. En 2011 buena parte de los militantes y simpatizantes del PP asturiano pedían algo bien claro: que Francisco Álvarez-Cascos liderase un proceso de cambio a través de su candidatura. Como eso no quiso hacer –se nombró a la candidata en una comida- el resultado final fue un auténtico desastre. Y en Gijón, sin duda, parece que se quieren cometer los mismos errores. De aquellos polvos, estos lodos. Hace ya 16 meses que los destinos de la agrupación gijonesa están regidos por una gestora. En principio, este sistema se fijó para normalizar una situación que desde Oviedo se consideraba anómala. La realidad es que querían cargarse a la presidenta de entonces, Pilar Fernández Pardo. A partir de ahí, la gestora ha actuado como si fuera una presidencia refrendada por los militantes. Incluso, en el episodio más rocambolesco, llegó a negociar el presupuesto con Foro de espaldas al grupo municipal. Aquel trance, irregular a todas luces, produjo una crisis de la que salió el partido aún más tocado si cabe. En abril, la presidenta del PP asturiano, Mercedes Fernández, decía lo siguiente: «Soy de la escuela de Rajoy: nada apresurada. Las cosas se hacen cuando toca. Los objetivos de la gestora aún no se han cumplido». Pues bien, la pregunta resulta obvia, ¿y cuándo se van a cumplir? ¿Quizá en mayo 2015 cuando el partido reciba un varapalo histórico? De momento, esta inacción por parte de la dirección regional ya tiene consecuencias: sus concejales en Gijón se han levantado. Bien es cierto que podríamos calificarlo como una revolución de terciopelo, sin embargo, resulta firme en cuanto a sus planteamientos: los ediles del grupo popular en el Ayuntamiento quieren que el congreso se haga de forma urgente. Es más, hasta nos dicen qué censo debe utilizarse para que no haya posibles amaños; o que no se organice «a la carta de nadie». En resumen, no se fían. A Mercedes Fernández no le queda más remedio que mover ficha: la pelota está en su tejado. Hoy son sus concejales en la ciudad más poblada de Asturias quienes la ponen en aprietos y mañana… quién sabe.

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Por JOSE MANUEL BALBUENA

Sobre el autor

Economista y empresario. Colaborador de EL COMERCIO desde hace ya muchos años. Vamos, un currante en toda regla


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