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Jose Manuel Balbuena

RETORCIDA REALIDAD

La letra escarlata.

Tengo mucha curiosidad por verlo. Me refiero a las listas de morosos con la Hacienda pública que asegura el ministro Montoro que va a publicar. Una idea, por cierto, que lleva ya rondando por la cabeza de tan maquiavélico personaje desde diciembre de 2012. Ahora, con la reforma del IRPF que presentó recientemente, dice que efectivamente lo va a hacer. Y digo, tengo curiosidad por saber cómo va a retorcer la actual Ley de Protección de Datos para saltársela. Hace poco, se podía leer como una comunidad de vecinos en Gijón era multada con 6.000 euros por la Agencia Estatal de Protección de Datos. Su pecado: poner en el tablón de anuncios del portal el nombre y apellidos de un propietario que debía unas cuantas cuotas. Como esto, muchas veces nos encontramos con que el acreedor es sancionado por sobrepasar los límites de protección al deudor. Digamos, pues, que dicha salvaguardia con el moroso (o defraudador) existe y se exige a todo el mundo que la respete. Sin embargo, Hacienda piensa pasar esto por alto sin ningún tipo de rubor. Yo pregunto, si considero que se me ha liquidado mal un impuesto y acabo en los juzgados, ¿veré mi nombre mientras tanto en esa lista de morosos? ¿Cuándo y en cuánto puede Hacienda considerarme un moroso? Si se abre esa puerta, ¿no podrían también, no sé, otras administraciones como autonomías o ayuntamientos publicar sus respectivas listas? Porque, piénselo, aquí tenemos 17 entes autonómicos – y 8.000 ayuntamientos- ávidos de recaudar dinero. ¿Veré también mi nombre publicado si me retraso en el pago del impuesto de Sucesiones? ¿O si dejo de pagar el impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) al ayuntamiento de turno? Si tengo una deuda con la Seguridad Social porque no he podido pagar mi cotización de autónomo (o las del personal a mi cargo), ¿también apareceré en otra lista? En fin, el límite a esta locura de señalar con el dedo puede no acabar nunca. Una vez que se vea que Hacienda lo haga de forma efectiva, ¿por qué no va a reclamar el sector privado una prebenda similar? ¿Por qué no las empresas de telefonía, bancos, financieras, etcétera? ¿Por qué no un amigo que me prestó dinero y no se lo acabo de devolver? ¿Por qué no un arrendador al que no le pagan la renta?

A mí esta situación me recuerda mucho a la novela «La letra escarlata» de Nathaniel Hawthorne. En ella, una mujer es obligada a llevar una marca por adúltera siendo su principal instigador un reverendo, a la postre, la otra parte que lo había cometido. En esa lista de morosos con Hacienda, sin duda, seguro que se perderán nombres apreciables. Algunos, quizá, por el impacto y revuelo mediático que causará saber que no están al corriente en el pago de sus impuestos. Imagínense que aparece en la misma cualquier ministro del actual Gobierno. Imposible, ¿verdad? Ahora piensen que el político denunciado es de la  oposición. ¿Imposible? No tanto.

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Por JOSE MANUEL BALBUENA

Sobre el autor

Economista y empresario. Colaborador de EL COMERCIO desde hace ya muchos años. Vamos, un currante en toda regla


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