«Amable, no antipático, que no motive rechazo, que no movilice a nadie contra él…», no es el currículum de un aspirante a entrar en Operación Triunfo, sino la ponencia política de un partido. En concreto, la que aprobó el Partido Popular asturiano en su artículo 71 del recién terminado congreso. Uno siempre pensó que en política había que hacer valer sus ideas y proyectos. Es decir, que los mismos había que defenderlos con tesón, puesto que, a todas luces, si los altera cada dos por tres, puede acabar como la paradoja que señalaba Groucho Marx: «Señora, estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros». Entonces, entiendo yo, lo que se debería buscar en un congreso son liderazgos. Esto es, a la persona o personas que transmitan a toda la organización los principios y guías que calen posteriormente en la sociedad. Y en este sentido, el XV Congreso regional del PP, adoleció precisamente de eso: de un mensaje claro de cara a su electorado.
Sí, porque si hablamos de renovación -véase la foto- díganme si la percepción externa no ha sido más o menos la siguiente: nosotros, los de siempre, vamos a capitanear una «renovación tranquila» a nuestra manera. Y eso, claro está, deja a todo el mundo desconcertado. Como diciendo, ¿será o no verdad? Como preguntándose, ¿cuándo acabará esta letanía de conformismo que invade el partido? Porque el caso es que alternativas hay. Los resultados de Juan Morales así lo indican. Sin embargo, el cambio necesario se resiste. No toca ahora, según han dicho sus compromisarios. Y, claro, las dudas sobre un firme liderazgo que lleve al PP asturiano a ser una alternativa de gobierno siguen presentes. ¿Hasta cuándo?