Pues depende. Evidentemente, para su partido Zapatero como político ya estaba amortizado. De las 29 intervenciones que se produjeron en el Comité Federal, ninguna, absolutamente ninguna, le pidió que reconsiderase su decisión. Más bien, el debate se centró en si era el momento o no de anunciarlo. En este sentido, creo que el Secretario General socialista ha actuado con cierta astucia. Decirlo antes de las elecciones del 22 de mayo tiene varias ventajas para él. En primer lugar, se quita el sambenito de que, tal y como se ha dicho, sea un lastre electoral para su partido. Anunciando que se va ya nadie, sobre todo los barones del PSOE, le pueden acusar de ser el causante de una derrota electoral. Y además, si después de unos malos resultados mostrase su intención de no presentarse como candidato, ¿no le convertirá esto en el pimpampum de la derrota? ¿No le ha dicho acaso a su partido: ya no me tenéis de excusa?
Pero el momento elegido tiene también una desventaja: abre el debate sucesorio. Por más que los dirigentes socialistas quieran dejarlo aparcado, en los mítines del domingo, Rubalcaba y Carme Chacón, fueron recibidos a los gritos de «Presidente-Presidenta». Será inevitable que, la campaña electoral del 22-M, no se convierta en una especie de primarias. Cada vez que los dos candidatos claros a la sucesión tengan un acto electoral, lo harán también en clave interna quieran o no.
Por último, yo no creo que el anuncio, tal y como dice el PP, lleve implícito la convocatoria de elecciones anticipadas. Aznar designó a Rajoy y siguió gobernando. Más bien, el resultado de los comicios del 22 de mayo será quien muestre el futuro. Ante una derrota dura creo que no le quedará más remedio que adelantarlas. Y si es dulce, agotará la legislatura.