Miren ustedes, muchos arrendadores se pasarían al arrendamiento a largo plazo si se diesen las condiciones. Es decir, dejarían de alquilar su piso como turístico, entre otras cosas, por la competencia feroz. Recuerden que en Gijón hay actualmente 2.690 viviendas con licencia para esta modalidad. Esto es, una oferta tan grande que el visitante puede escoger sin problemas. También por la pérdida de rentabilidad. O sea, no sale barato pagar a la web que encuentra al cliente, luego a la empresa que lleva el mantenimiento y finalmente los impuestos. En resumen, una sangría que encoje el presunto beneficio. Por último, las administraciones lo ponen cada vez más difícil. Como ejemplo, en la nueva regulación del Principado hasta se establece la medida que debe tener un sofá-cama de ancho. Por tanto, repito, muchos acogerían con agrado la estabilidad de un inquilino permanente. Sin embargo, se está haciendo lo contrario: apretar al arrendamiento tradicional a tope. Sin ir más lejos, desde el pasado jueves los barrios gijoneses de La Arena y Cimavilla son zonas tensionas, para regocijo de la Consejería de Vivienda. A la postre, un burócrata desde su despacho te dice en cuánto tienes que rentar tu propiedad según un índice, o te obliga a renovar el contrato. En definitiva, que desparece completamente el mercado para que alquilar sea un mero acto administrativo, donde solo se pone el inmueble y punto. Lo demás, ya lo deciden ellos por ti. Sin duda, una forma muy eficaz de espantar a los propietarios.
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@balbuenajm