Amigo Coppini, tampoco son buenos tiempos para la lírica en el balompié, sobre todo desde que entramos en la era de lo que muchos llaman el “fútbol moderno”. Desde entonces lo que era un deporte noble y depositario de muchas virtudes se ha visto envilecido por la egolatría, el dinero y las corruptelas de todo tipo. Mercantilización perceptible en cláusulas de confidencialidad, derechos de imagen y fondos de inversión que lo han mancillado sin piedad. ¿Es casual que las dos máximas categorías del fútbol español lleven el nombre y el “apellido” de una entidad financiera?
Aun así, todavía somos muchos los que encontramos apasionante este espectáculo, más allá incluso de su vertiente deportiva. Porque, dinero al margen, el fútbol ofrece mucho más que físico o habilidad con un balón. También encontramos enseñanzas muy aprovechables para la vida cotidiana: disciplina, estrategia, liderazgo, motivación, por no hablar (ya lo hice en otro post) del valor identitario del fútbol y su utilidad para la reivindicación de la unidad nacional, ese bálsamo de fierabrás que persiguen nuestros políticos de múltiples maneras y que solo el fútbol consigue aunque sea, ¡ay!, por poco tiempo. Y sí, todavía transmite, si bien en contadas ocasiones, valores muy preciados en cualquier sociedad u organización, como la solidaridad y el compañerismo.
Este sentimiento de unidad lo han representado a la perfección los futbolistas del centenario Racing de Santander, hoy sumido en una profunda crisis deportiva y, sobre todo, institucional. Lo han hecho, además, en perfecta comunión con su afición, como se puede ver en unas breves pero hermosas imágenes que han dado la vuelta a España (y al mundo). Y la escenificación ha resultado, por otra parte, muy oportuna. Esta muestra de nobleza y lealtad, pese a que su ya expresidente les haya llamado traidores, se ha producido en un mes en el que, coincidencias del destino, el fútbol patrio había mostrado la peor de sus caras. Querellas por presunta apropiación indebida y una nueva condena por prevaricación, malversación y fraude (acompañada de una vergonzante solicitud de indulto) que ejemplifican lo que ha venido sucediendo durante muchos años en el balompié hispano y explican el porqué de las multimillonarias deudas que asuelan a clubes de todas las categorías.
[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=mW60LzwNdMM[/youtube]
Los jugadores del Racing renunciaron a la posibilidad (difícil pero para nada remota) de promocionar sus carreras deportivas en uno de los mejores escenarios para hacerlo. He de decir que yo mismo tomé la amenaza como una bravata, pues entendía que la única posibilidad de aliviar las arcas del club y recibir los salarios que se les adeudan (se habla de cuatro, cinco y seis meses respectivamente a jugadores, cuerpo técnico y otros empleados del club) pasaban por continuar en la competición. Pero aguantaron y demostraron que la dignidad todavía puede estar por encima de los intereses económicos, por importantes que estos sean.
Al día siguiente del plante, en un programa de la Cadena SER se preguntaba a los oyentes cuál era la cosa más importante a la que habían renunciado por dignidad. No pude oír las respuestas, pero es un valor que cotiza a la baja. Así que estoy seguro de que a muchos nos costaría evocar algún “ataque” de dignidad en nuestras vidas. Probablemente también será difícil recordarlo para muchos de los aficionados del Racing. Sin embargo el miércoles en el estadio y el viernes en la Junta de Accionistas exigían que se tratara a los futbolistas con la dignidad que tanto cuesta demandar en primera persona. En los últimos años han existido en España suficientes motivos para manifestarse a favor de esta cualidad tan esencial para el ser humano pero nos cuesta tanto…
Decía Durkheim que lo que unía a las sociedades primitivas era una conciencia colectiva intensa y que la complejidad de las sociedades modernas había disminuido la intensidad de esa moral común. El fútbol lo consigue una y otra vez. Quizás en el primitivismo que se atribuye a este deporte encontremos la respuesta.
P.S.: no me olvido de los trabajadores de Tenneco, cuya dignidad y conciencia colectiva permanecen intactas.