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Angel Alonso

Sociedad sin Red

El oro de California

Henry Miller se preguntaba si nos podemos fiar más del gobierno que de los individuos que lo componen. Lo hacía en el prólogo de una edición de Del deber de la desobediencia civil de Henry David Thoreau, en nombre del propio filósofo. Si hubiera podido, el mismo Thoreau le habría dado rápidamente respuesta: “el mejor gobierno es el que no gobierna en absoluto, pues la mayoría de los gobiernos suelen ser inútiles y, algunos, inconvenientes”. Aún a pesar de eso,  los gobiernos se han hecho necesarios para los individuos, que necesitamos dotarnos de “maquinarias complejas e incluso oír su estrépito”. Eso es lo que estamos escuchando estos días en la política española, ruido, fragor, estrépito, mientras seguimos dejándonos imponer la autoridad, o más bien autoimponéndonosla.

bnmallorca.es

Pero Henry Miller, como Thoreau, no era de los que se conformaban fácilmente, así que continuaba interrogándose sobre qué haríamos si tuviéramos ese poder tan grande que te otorga el gobierno, si lo usaríamos en beneficio de todos o solo de nuestro grupo de elegidos. He ahí la pregunta que debemos hacernos todos. Si opinas que debemos usarlo en beneficio propio, probablemente no te interese mucho lo que sigue. Si no es así, adelante.

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Thoreau lo tenía claro, el ciudadano tiene un código moral superior al de cualquier gobierno, cuya  supervivencia se sostiene sobre la falta de confianza y seguridad del individuo y el miedo y la incertidumbre que produce la propia existencia del estado que dice defenderle. Los ciudadanos no hacen sino sortear los obstáculos que los legisladores les ponen, así que, si tuvieran que juzgar a los políticos por las consecuencias de sus actos, al margen de sus intenciones, probablemente les condenarían. Por eso hay que tratar de detener esa maquinaria que forma parte de todo gobierno, la injusticia. Si las leyes son injustas, hay que corregirlas, y hacerlo cuanto antes. Thoreau, no pedía que se anulara toda forma de gobierno, sino que como ciudadano reclamaba un gobierno mejor. Siempre hay alternativa, sobre todo cuando es el propio gobierno el que empeora al enfermo. Y en el mejor de los casos, los métodos que propone este gobierno requieren de un tiempo del que quizás no se disponga. Thoreau argumentaba que uno puede ver una fila de soldados marchando en perfecto orden hacia el frente… en contra de su voluntad, de su conciencia y de su sentido común, algo que sin duda hace la marcha más dura.

Dice Miller en ese famoso prólogo, que fue el subdesarrollo del país el que hizo que los hombres se sintieran atraídos por el oro de California,  mientras Thoreau se quedó en casa cultivando su mina. Nuestra mina debe ser el derecho a la rebelión defendido por Locke,  la capacidad de indignación, que es la que encarna la dignidad cívica del pueblo, su derecho a implicarse en los asuntos de Estado. En el momento en que a los ciudadanos se les despoja de sí mismos, comienza la indignación, la lucha por lo que se ha dado en llamar las condiciones reales de existencia.

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Sobre el autor

Soy sociólogo y me considero una persona dinámica, a la que le gustan los retos personales y profesionales. Esa inquietud se refleja también en mi compromiso con la sociedad, civil, ayudando a organizar actividades como foros y congresos como miembro de la Asociación Asturiana de Sociología y de la Junta de Gobierno del Colegio de CCPP y Sociología del Principado de Asturias. Escribo cuando puedo en este blog y participo con cierta asiduidad como colaborador de medios locales, principalmente en prensa escrita y radio.


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