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Angel Alonso

Sociedad sin Red

Pobreza y desigualdad, consecuencias (in)visibles de la crisis

Hola de nuevo a todas las personas que me siguen en este blog. Nunca tuve la intención de abandonarlo pero, debido a circunstancias personales y profesionales, he debido apartarme durante unos meses. Sin duda más de lo que me hubiera gustado aunque, ya digo, ni preví mi marcha, ni tan largo paréntesis. Espero mantener a partir de ahora la regularidad que caracterizaban a mis entradas previamente a esta interrupción.

Retomo mis entradas donde las dejé, en el Centro de Cultura Antiguo Instituto, en donde el pasado martes se celebró la mesa redonda “Pobreza y desigualdad, consecuencias (in)visibles de la crisis” organizada por la Asociación Asturiana de Sociología y el Colegio de Ciencias Políticas y Sociología del Principado de Asturias.

Foto: El Comercio

Tuve la oportunidad de moderar un acto que no había surgido en las últimas semanas, aunque tal lo parezca por el título (ahora que constantemente nos anuncian que hemos salido de la crisis) sino que ya se venía gestando desde hace meses. La imposibilidad de encontrar un lugar para su celebración en la fecha prevista (algo insólito en la larga trayectoria de la AAS organizando estos eventos) y problemas de agenda de los invitados, obligó a posponerla dos veces. A pesar de ello, el acto no perdió su vigencia, ya que, desgraciadamente, lejos de reducirse, la pobreza y la desigualdad han continuado aumentando, como nos contaron nuestros invitados. Eso sí, de forma más tenue en Asturias que en el conjunto del país.

Hace meses, justo cuando se había previsto inicialmente celebrar esta mesa redonda, leía dos artículos de Daniel Kaplún y Guillermo Fernández Maíllo, compañeros sociólogos, y éste último miembro del Equipo de Estudios de Cáritas y del Comité Técnico de FOESSA,  en los que discutían sobre si la pobreza debe tener apellidos o prefijos. Kaplún y Fdez. Maíllo venían a decir que poniendo el acento en determinadas situaciones o colectivos podemos perder de vista la cuestión relevante del asunto, esto es,  la existencia de la pobreza como fenómeno único y global. Efectivamente, nos hemos acostumbrado a oír hablar de pobreza energética, pobreza infantil, trabajadores pobres o working poor (este, por cierto, un concepto emergente aunque cada vez más importante, y poco conocido fuera de la Academia) como si fueran procesos aislados y, por ejemplo, en el seno de esas familias en las que viven los  niños pobres no se estuvieran pasando necesidades, o como si esas familias que no pueden calentar sus casas en invierno nadaran en la abundancia en el resto de ámbitos de su cotidianidad. Igualmente, los sociólogos solemos resaltar en nuestras investigaciones la feminización de la pobreza, introduciendo en el debate factores sociodemográficos,  o el impacto de la crisis sobre la población inmigrante, entrando en juego el factor étnico.

Siendo cierto lo que plantean los colegas, también lo es que señalar determinadas situaciones contribuye a poner el foco de atención sobre ellas para hacerlas visibles y tratar de revertirlas. Viene esto a colación porque en la citada mesa redonda enfrentamos conceptos multidimensionales como los de pobreza y desigualdad, difícilmente abarcables en un acto de este tipo, con una duración limitada, por más que entre nuestros invitados contáramos con algunos de los más destacados expertos en la materia. Seguramente por eso, nos centramos en algunos de estos apellidos, y olvidamos otros.

Hablamos de consecuencias (in)visibles de la crisis.  Muchos de nosotros tenemos constancia de que en estos años de recesión personas más o menos cercanas a nosotros se han visto envueltas en situaciones de desempleo o “devaluaciones salariales” (en neolengua) lo que ha contribuido a a profundizar en procesos de pobreza y exclusión previos a la mencionada crisis. Distintas organizaciones del tercer sector como  Oxfam o Save the Children nos han alertado de se han encargado de recordárnoslo con sus estudios e investigaciones. E incluso informes oficiales, con la Encuesta de Condiciones de Vida como fuente han venido reflejando estas nuevas y viejas circunstancias para muchas personas, que desde medios gubernamentales han tratado de ocultarse o minimizarse. Los datos macroeconómicos parece que son los que mandan.

Mención aparte merece Cáritas, representada en la mesa por  Carmen Álvarez, investigadora del departamento de Estudios y Análisis de Cáritas y autora del trabajo de campo del último informe FOESSA regional. En su intervención, Carmen nos habló de cómo el crecimiento económico anterior a la crisis no nos sirvió para sacar a muchas personas de la exclusión y también de que dos terceras partes de las personas que actualmente están en exclusión ya lo estaban antes de la recesión. Se ha consolidado, por tanto, la precariedad social a través de una austeridad que, según esta Trabajadora Social y Socióloga, no es neutral, ya que no afecta a todos por igual. En este sentido, las frías cifras nos hablan de 11.000 hogares asturianos sin recursos a los que, además, hay que sumar las consecuencias de los recortes. Solo el 40% de los asturianos tendrían una integración plena, mientras que el 16% estaría en exclusión e, incluso, el 7% (73.000) personas en exclusión severa.  Estos datos demostrarían, en palabras de Carmen, que se ha pasado “de un modelo de integración precario” a un” modelo de privatización del vivir social”.

Aroa Tejero, investigadora de la Universidad de Oviedo, puso sobre la mesa el debate de los trabajadores pobres, presente en Estados Unidos desde los años setenta del pasado siglo pero mucho más reciente en Europa. Y no digamos en España, donde sólo desde el ámbito universitario parece prestársele atención. Aroa nos habló de un concepto bidimensional, ya que tiene en cuenta tanto personas como hogares, y en el que cobra gran importancia el umbral de la pobreza. Según la investigadora, el fenómeno de los trabajadores pobres surge a raíz de los cambios producidos en los tres pilares de los regímenes de bienestar europeos: a) dualización y flexibilización del mercado de trabajo, b) cambios en la composición de los hogares y las familias , así como las dificultades de conciliación derivadas de la  incorporación de las mujeres al trabajo remunerado,  y c) reducción de  las políticas de bienestar. A partir de esta situación surgen nuevos grupos en riesgo no cubiertos por el Estado de Bienestar y una de las  tasas de trabajadores pobres más altas de la UE (dato compartido con la mayor parte de los países del Sur de Europa y los de reciente incorporación),  estabilizada en torno al 11%  durante todo el período de crisis. Una estabilidad relativa, debido al descenso del umbral de pobreza durante los años de crisis, lo que nos estaría hablando de trabajadores cada vez más pobres. Se aprecian, además, cambios es en el perfil de los trabajadores, con mayor riesgo para las mujeres y los jóvenes (antes eran las personas mayores de 55 años),  y en la estructura de los hogares: cobra importancia el doble sueldo, estrategia fundamental para superar la baja intensidad laboral, en la que se encuentra una parte del riesgo de convertirse en trabajador pobre.

Vanesa Rodríguez, profesora del Departamento de Sociología, hizo hincapié en la necesidad de ponerle cara a las personas afectadas por la pobreza y la exclusión  y se centró en uno de estos “apellidos”, los pensionistas pobres, muchos de ellos consecuencia de haber sido trabajador pobre con anterioridad. Las pensiones son uno de los pilares del EB, y tienen como cometido proteger a las personas cuando ya no están en condiciones de trabajar Esta función la cumplía perfectamente antes de la crisis, ya que las transferencias conseguían reducir hasta en un 60% la pobreza entre los mayores de 65 años, a pesar de lo cual, España se mantenía como uno de los países de la UE con mayor tasa de pobreza entre este colectivo. Paradójicamente, en 2013 la intensidad de la pobreza entre los mayores de 65 años se encontraba entre las más bajas de Europa. La razón es que la situación relativa de este colectivo ha mejorado por el empeoramiento de la realidad del resto del grupo, ya que mientras las pensiones se han mantenido más o menos constantes, los salarios se han reducido notablemente. Sin embargo, dado que la familia sigue siendo el sustituto genuino del EB en España, las pensiones se han convertido en sustento principal de muchas familias, empobreciendo considerablemente  a las personas de más edad y, especialmente, a las  mujeres, según expuso Vanesa.

El también profesor del Departamento de Sociología, José Manuel Parrilla, centró su intervención en el Estado Social y alertó sobre la cronificación de la pobreza y de determinados grupos de riesgo. A su entender, existe un escenario español de propuestas poco adecuadas dentro de un Estado de Bienestar que nunca ha reducido drásticamente la desigualdad (ni aun en épocas de bonanza),  una voluntad política dudosa, como lo demuestra, por ejemplo, el modelo de salario social.  Lo cierto, según Parrilla, es que existen nuevos riesgos sociales de desarrollo reciente, que han dado al traste con la presunción de que la pobreza era un “residuo de épocas de bajo desarrollo” y que el problema se resolvería con el crecimiento económico. Bien al contrario, considera que la pobreza se ha instalado entre nosotros y vamos a continuar conviviendo con ella. La pregunta que formuló el profesor es de qué modelo social venimos y hacia cuál vamos, y se mostró receloso ante lo que considera privatizaciones selectivas y una tendencia creciente hacia el asistencialismo y la sobrecarga de los hogares, con las mujeres ejerciendo cada vez más como cuidadoras y supliendo algunas de las funciones propias del Estado de Bienestar.

Resumir en el espacio limitado de esta entrada un acto que duró casi dos horas es tarea imposible. Por eso invito a todas las personas interesadas en el asunto a visitar el Podcast de la Asociación Asturiana de Sociología.

Sobre el autor

Soy sociólogo y me considero una persona dinámica, a la que le gustan los retos personales y profesionales. Esa inquietud se refleja también en mi compromiso con la sociedad, civil, ayudando a organizar actividades como foros y congresos como miembro de la Asociación Asturiana de Sociología y de la Junta de Gobierno del Colegio de CCPP y Sociología del Principado de Asturias. Escribo cuando puedo en este blog y participo con cierta asiduidad como colaborador de medios locales, principalmente en prensa escrita y radio.


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