La afición del Sporting no es conformista. Es capaz de salir satisfecha con su equipo, que no contenta, en el caso de un empate o una derrota en casa, pero también de salir con mal sabor de boca con un triunfo, pese a que los tres puntos son motivo de alegría. Esto último pasó el domingo, ante el Villarreal.
En el fútbol, la memoria suele ser escasa y a medida que transcurren los días se ve lejano el partido del domingo anterior y muy cercano el del sábado próximo, en este caso en el Miniestadi, en un viaje esperanzador. Una vez analizados los efectos de las sensaciones de la última confrontación, la afición rojiblanca ya está ilusionada con la visita al MiniBarça, con dos tipos de visión. Uno, el más optimista, el que espera una victoria ante un equipo joven, que tiene bajas sensibles, pero que no espera que vaya a encontrar nada regalado. Otro, el que podemos denomina ‘clásico playu’, el que luego aplicará el ‘yatelodeciayo’, que vaticina un desastre como el de Gerona, aunque por dentro está deseando una victoria que aumente la ilusión.
Sobre el papel, el conjunto rojiblanco es favorito, pero tendrá que ganárselo en el terreno de juego, en un campo que casi siempre llevó buenas bofetadas. El Sporting tiene el segundo presupuesto de la categoría, sólo superado por el Villarreal, al margen de los dos filiales, que también tienen una buenas inversión de sus equipos nodriza. El aspecto económico es influyente, aunque no determinante. Los rojiblancos tienen una asignatura pendiente, que es ganar fuera y seguir su escalada. Ganando, todo lo que sea mal juego se olvida más rápido. En el fútbol la memoria funciona de eta manera.
Por cierto, si el Mini Barça tiene cinco bajas, el Sporting tiene las de Lora, Sergio y De las Cuevas que son quizá más importantes que las del filial azulgrana.