Toco sufrir, pero mereció la pena. El Sporting dio una imagen sensacional y se hizo acreedor a un triunfo para el que tuvo que sudar tinta.
Fue una pena el penalti que Palop le sacó a Bilic. Con el gol de Diego Castro, extraordinario, y la actitud de los dos equipos, se apreciaba que la victoria iba a quedar en casa. Sin embargo, se complicó con la expulsión de Canella. Podía haber sido una amarilla, lo mismo que una anterior de David Prieto a Bilic, tan alevosa como la del lavianés.
Lafuente hizo un partido extraordinario. Los centrales estuvieron sobresalientes, y Sastre, que tenía dos ejemplares buenos para vigilar, pudo siempre con Navas y con Capel. Míchel y Diego Camacho hicieron una labor de equipo extraordinaria.
Si el Sporting da esta medida en todas las jornadas, las aspiraciones serían otras, aunque ahora lo que más se valora, además del partidazo, es que el descenso está alejado a diez puntos. El Angliru empezó bien.
Con el triunfo, la labor de Megía Dávila queda a un lado, pero creo que pitó en exceso y no siempre con el mismo rasero.