La derrota ante el Zaragoza parece que tuvo un efecto anímico demasiado duro en la plantilla, del que los jugadores tratan de rehacerse ante la visita a Getafe. El partido del sábado se mira en le vestuario como el definitivo, con la sensación que todo lo que no sea una victoria significará anticipar el desastre que empezó a gestarse en la pretemporada.
Clemente busca la fórmula de dar con la tecla para intentar conseguir el milagro en Getafe, ante un rival de superior calidad y en una posición muy cómoda, pero menos motivado. Incluso el ambiente puede ser más favorable a los rojiblancos, dada la escasa afición que tiene el equipo del Sur de Madrid.
El aspecto anímico puede ser importante, pero los chavales saben que no hay otra alternativa. La cuestión es matemática, hasta donde cuadre. Lo malo será si deja de cuadrar.