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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Hay que nacionalizar

El Gobierno trabaja estos días de manera intensa en el proyecto para la reestructuración del sector financiero español, después de que se certificaran las necesidades de saneamiento profundo de Bankia, que precipitaron el relevo en la presidencia de la entidad. El proyecto tiene como fin inmediato el rescate de este banco, pero incluirá todas las medidas para salvar al sector, dotarle de solvencia, aliviar las presiones de los mercados y conseguir, de una vez por todas, que el dinero se mueva para iniciar la salida de la recesión y volver a la senda del crecimiento. No se pueden aplicar más parches. La decisión que tome el Gobierno este viernes no puede dejar resquicios, tiene que ser la solución definitiva para acabar con el vapuleo del sector por el bien de nuestro país.
En cuatro años, los bancos recibieron una inyección, vía Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), de más de 15.000 millones de euros, a través de tres grandes paquetes de ayudas que no se puede decir que no sirvieran para ir saneando las entidades porque algunas de ellas fueron encarriladas cuando estaban al borde de la desaparición, pero que dada la situación a la que hemos llegado, se ha demostrado que han sido insuficientes.
Ahora toca coger el toro por los cuernos y la ‘operación rescate’ tiene que conllevar la nacionalización de entidades. Una fórmula es el préstamo reembolsable del FROB con un interés elevado para que el banco enfermo pueda seguir respirando como hasta ahora se ha venido haciendo y otra es la inyección directa de fondos del Estado, es decir, abrir la entidad al capital público y que la gestión esté tutelada y controlada por la Administración con representantes técnicos de las autoridades en los consejos de administración. El primero tiene que ser Bankia, pero a esta entidad le pueden seguir otras. En el Reino Unido se optó por esta vía. El Gobierno británico elaboró un plan de rescate financiero dotado con 68.000 millones de euros que conlleva la nacionalización parcial de la banca y que beneficiará a las ocho grandes entidades del país con el fin de que su liquidez quede cubierta. En España se estima que el desembolso necesario para consolidar el sistema bancario ronda los 50.000 millones de euros, unos 10.000 millones de Bankia.
La nacionalización debe ir acompañada de otras tres medidas, vinculadas absolutamente a esta acción, la creación de ‘bancos malos’ o sociedades a las que se traspasen los activos tóxicos, de la que también existen abundantes antecedentes en otros países con buenos resultados, mayores provisiones para cubrir incluso activos buenos y una nueva ronda de fusiones.
La reestructuración del sector financiero requiere valentía y aunque el coste sea elevadísimo, aunque suponga incluso un incremento de nuestra deuda, tiene que ser afrontada con decisión porque en ello nos jugamos el futuro de este país. Se han dado pasos de gigantes en estos cuatro años, pero hay que darle una vuelta de tuerca más. Quién iba a pensar que de cincuenta entidades que había en 2009 se pasaran a veintiocho en 2010, a veinte en 2011 y a quince en lo que llevamos de 2012. Quién vaticinaba hace apenas cuatro años que el número de oficinas se redujera en más de cinco mil, con una vertiginosa pérdida de empleo en el sector de cerca de 14.500 empleados. Pues bien, esta nueva etapa de redimensionamiento será más dura si cabe, pero indispensable. La gangrena instalada en el sector financiero es la que realmente hay que atacar. Aunque sea, cortando por lo sano.

Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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