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Ángel M. González

Viento de Nordeste

La industria pide auxilio

Mientras el gobierno navega en la incertidumbre por la crisis financiera, política y social, más centrado en contener los mercados para alargar todo lo posible la petición del rescate con el fin de amortiguar el golpe en las elecciones de octubre en el País Vasco y Galicia, la industria del país se derrumba. El Ejecutivo de Rajoy, con el ministro Soria como responsable del departamento, no solo está demostrando que carece de política para intentar contener la destrucción del tejido industrial de España, sino que las medidas que adopta llevan a acelerar más el proceso de deterioro de uno de los grandes pilares para que el país vuelva a recuperar la senda del crecimiento.

Asturias está sufriendo con dureza las consecuencias de la nefasta gestión que el Gobierno central está haciendo de la crisis en la industria. La siderurgia, el aluminio, el zinc, la minería y el naval están totalmente tocados ya no solo por las consecuencias de la recesión de los mercados sino también por las erróneas decisiones gubernamentales o por su inacción. Es incapaz de ofrecer soluciones a la tarifa eléctrica de los grandes consumidores, provocará un encarecimiento del precio de la energía por la aplicación de impuestos para reducir el déficit tarifario, quiere aniquilar las explotaciones de carbón antes de tiempo mientras en Alemania, el paraguas que siempre tuvo el sector, despliega un plan para construir centrales térmicas tras su decisión a reducir la cuota nuclear y tiene olvidados a los astilleros, pendientes de que se resuelva el ‘tax lease’. Pero además aumenta la tributación a las empresas, renuncia a incentivar la fabricación de coches, recorta los recursos para promover la investigación y la innovación, el sector de las tecnologías de la información se encuentra estancado, no estimula la internacionalización y las exportaciones, que era el único indicador que mantenía una pequeña llama económica, empiezan a resentirse por el deterioro global de los mercados.

Con esta política no hay quien viva. La austeridad no es incompatible con el apoyo a la actividad industrial. Se trata de acometer simplemente una mejor redistribución de los recursos para, por un lado, arreglar las cuentas públicas y sostener financieramente el sistema, y por otro adoptar medidas que, al menos, impidan que el corazón de la economía deje de latir. La industria también necesita un plan de rescate. ¿Alguien se imagina, por ejemplo, una Asturias sin siderurgia? No existe sustitución posible y, sin embargo, a la vuelta de la esquina está el precipicio, el punto de no retorno.

Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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