El consejero delegado de Suzuki Motor España, Masayoshi Ito, y otros directivos de la compañía, en Oviedo.
Suzuki ha sido el bonsái industrial de Asturias. Una fábrica esencial, sofisticada, de gran valor añadido, cuidada aquí, ejemplar en las técnicas productivas, en la relación con sus proveedores, puntera en innovación y con un enorme potencial, aunque se quedó en eso, en potencialidad. La planta de Porceyo nunca llegó a alcanzar la capacidad para la que había sido diseñada por varios motivos, ninguno de ellos achacable a la cultura laboral ni a la competitividad de la fábrica. Hubo fallos en la planificación de los japoneses, falta de acierto en el desarrollo de modelos, mercados cambiantes, endurecimiento de normativas para los vehículos a dos ruedas… Y llegó sumamente debilitada a la recesión, que ahora le pasa factura al verse incapaz de resistir las fauces de la globalización.
El cierre de Suzuki, que aún esperamos que sea evitable, venía siendo cantado desde que la firma nipona empezó a decantarse por la fabricación en la planta de Tailandia de los mismos modelos que se estaban haciendo en Gijón. Los japoneses actuaron, en ese sentido, con deslealtad con Asturias, la región que les brindó todos los apoyos habidos y por haber para que la multinacional dejara las viejas naves de El Natahoyo, se ubicara en la moderna factoría de Porceyo, formase a sus empleados, introdujera tecnología en los procesos de fabricación, etcétera. Es decir, millones y millones para que la emblemática marca continuase en Gijón, aunque fuera a trancas y barrancas.
Estamos ante la primera gran deslocalización que se produce en Asturias, una decisión con gran calado para España y para Europa, no en vano es la única fábrica que Suzuki tiene en el continente, y por ello, es responsabilidad de las autoridades intentar frenar esta fuga. Con el desmantelamiento se cierra un capítulo relevante de la historia empresarial de la región, el Principado pierde uno de los más significativos activos del portfolio industrial, pero hay que decirles a sus protagonistas que heridas así no se restañan de cualquier manera.