Cada vez son más las voces que claman por la adopción de medidas activas de dinamizacion del consumo y de la producción que acompañen a la recuperación económica de país. El gobierno esta a tiempo para intentar que la reactivación, que ahora se vislumbra débil, no tenga la fragilidad del cristal, de tal manera que pueda romper por el más mínimo movimiento de los mercados, con acciones encaminadas a reducir la presión fiscal sobre las empresas y los ciudadanos, sobre todo en beneficio de las pymes y de los contribuyentes de la clase media que aún pueden ejercer su capacidad de compra a poco que se vaya recuperando la confianza, y con acciones dirigidas a impulsar la inversión en capital humano, tecnológico y productivo.
Hasta ahora, por lo que conocemos de los Presupuestos del Estado para el próximo año, estos dos factores no están incluidos en la agenda del Ejecutivo de Rajoy, que se ha limitado a prometer que no bajará los impuestos, por un lado, y a aumentar de forma testimonial la partida para investigación, desarrollo e innovación para demostrar que hace algo, pero a todas luces insuficiente, de tomadura de pelo. La reducción fiscal la dejará para 2015, el año de las elecciones, con el fin de beneficiarse del rédito que puede darle en las urnas una bajada de los tributos, sin tener en cuenta el efecto que esta medida tendría en la generación de confianza si la adopta antes, en el año del inicio de la recuperación. Pero tan preocupante como esto es que nuestros administradores no tomen en serio la necesidad de una política industrial activa en España, cuando la propia Comisión Europea lo ha denunciado en los últimos días y en el entorno del Gobierno se esté planteando esta cuestión como una gran carencia.
En ese sentido, es oportuno referirse a lo que el Instituto de Estudios Económicos recoge en su informe ‘Las políticas de oferta nos sacarán de la crisis’. El trabajo dice textualmente lo siguiente: “Si alguna lección ha dado la crisis es que los países más industrializados son los que menos la han padecido. La economía real, la productiva, ha sido la tabla de salvación a la que se han aferrado los más fuertes. España debe recuperar su músculo industrial ahora que ha ganado competitividad. El peso de la industria en España es del 16,9%. En Alemania es del 26%. Europa también es consciente de la necesidad de recuperar el liderazgo industrial, anhelo que parecía haber perdido, y quiere que la industria manufacturera represente el 20% de la economía europea”. No estaría mal que Rajoy tomara en serio esta reflexión del IEE, el laboratorio de ideas del empresariado español, y tuviera en cuenta sus propuestas para aplicar en nuestro país un plan que fortaleciera el tejido industrial a medio y largo plazo.