Viendo a las miles de personas que se echaron a la calle en Gijón para protestar contra los recortes sociales y la austeridad y para reclamar políticas de empleo se me viene a la cabeza la idea de que lo que necesitamos es, posiblemente, una gran pacto político en este país, una coalición que nos gobierne, de la misma manera que está ocurriendo en Alemania. No sé si esa conjunción tiene que ser entre dos o más partidos para conseguir llegar a la fibra sensible de Mariano Rajoy, pero lo cierto es que a Angela Merkel se le ha ablandado un poquito el corazón desde que se tiene que entender con los socialdemocrátas para llevar las riendas del país.
Los alemanes, con luces y sombras como es lógico, han comenzado a recuperar una buena parte de los derechos sociales que habían perdido con la obsesiva política emprendida por la ‘señora de negro’ y extendida por Europa. Desde luego, el gobierno alemán no se ha soltado la melena, porque continúa siendo vigía del neoliberalismo en la UE, apretando todo lo que puede al resto de los socios en pro del despegue de su economía, pero sí que se está notando, aún entre críticas de las fuerzas sociales porque, al final, todo es poco, cierto giro hacia la protección de quienes más han sufrido la acción de los recortes.

Por ejemplo, el SPD ha forzado que, entre las medidas gubernamentales de Merkel, figure la jubilación a los 63 años para los que hayan cotizado más de 45 años, la doble nacionalidad para los hijos de los inmigrantes, con todos los derechos que comporta; la aplicación de las cuotas para que las mujeres estén presentes en los consejos de administración de las empresas, la reforma energética, con la nuclear perdiendo peso en la dieta, los límites a los precios de los alquileres de viviendas o, esta misma semana, el salario mínimo para los trabajadores peor pagados, de tal manera que ningún alemán, salvo los menores de 18 años y los becarios, podrá cobrar menos de 8,5 euros a la hora (1.500 euros al mes).
No se sabe quién sacará más partido de estas actuaciones, si los socialdemócratas de Sigmar Gabriel o los democristianos de la mandataria germana, pero el pacto, que apenas supera los cien días, está dando como resultado un cambio, muy leve aún eso sí, en la política de ultrarecortes que ha venido aplicando y predicando la mujer más poderosa de Europa.