La transformación que Liberbank plantea aplicar en sus oficinas supone una vuelta de tuerca más a la endiablada reestructuración acometida en la entidad desde que decidiera descolgar el logo del asturcón. La remodelación, con unificación y cierre de sucursales, tiene como objetivo la modernización de la red para adaptarla a un nuevo modelo de negocio bancario vinculado a la evolución del comportamiento de los clientes. Esa es la tesis.
El ajuste también responde a las exigencias de un mercado cada vez más complicado y restrictivo, que llevará sin duda a otra reordenación del mapa financiero en España. Y ahí está realmente la madre del cordero. Más pronto que tarde, la entidad se verá envuelta de manera irremediable en otro proceso de concentración donde los grandes bancos del país esperan sacar bocado. El rumor que circula por todos los rincones es el interés de la Caixa por participar de forma activa en todo ello engullendo a Liberbank, que sigue siendo una de las marcas apetecibles del sector, pero me consta que se están trabajando alternativas para impedir una ‘operación merienda’, de la que no son ajenas otras entidades, que atienda a la prescripción de las autoridades monetarias sobre la necesidad de ganar tamaño y eficiencia mediante fusiones o absorciones.
Desde hace casi dos años el propio Luis de Guindos viene manteniendo encuentros con los posibles protagonistas en su despacho ministerial para explorar posibilidades. Y en esas conversaciones participaron Liberbank, BMN, Unicaja e Ibercaja, los cuatro grupos que fueron adquiriendo dimensión a partir de las sucesivas integraciones de las cajas desde el estallido de la crisis. La idea para librarse de garras mayores sería constituir un holding bancario desde donde afrontar los retos tecnológicos y comerciales que permitan el crecimiento. Este planteamiento, que hace escasos meses podría tener detractores en uno u otro lado, empieza a cobrar cada vez más sentido a tenor del escenario en el que se desenvuelve la actividad bancaria, con unos tipos de interés cero nunca vistos y, como consecuencia de ello, una caída de la rentabilidad a niveles inesperados que lastran las cuentas de resultados. El panorama, pues, continúa siendo incierto.
Banco Mare Nostrum (BMN), que es una entidad en la práctica estatalizada por el peso del Fondo de Reestructuración Bancaria en su accionariado, se encuentra en estos momentos más cerca de su integración en Bankia que de cualquier otra fórmula. Pero Unicaja e Ibercaja tienen en un horizonte más próximo la salida a bolsa, en principio este mismo año, y esto puede suponer incluso una oportunidad para llevar adelante la creación de ese gran grupo heredero de las antiguas cajas que le convertiría en el sexto banco español. La plataforma sería Liberbank.
La entidad que dirige Manuel Menéndez es la única que ya está en el parqué por lo que se podría convertir en un buen instrumento para la agrupación de las otros dos instituciones sin tener que afrontar el elevado coste que supone la salida al mercado de valores. Se mantendrían las tres marcas, los territorios en las que operan son compatibles y lograrían alcanzar la fortaleza que exige el negocio de las finanzas en posiciones de solvencia y rentabilidad. La vía está abierta. La meta es alcanzable.