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Ángel M. González

Viento de Nordeste

La parcelona de Naval

La transformación de la fachada marítima del oeste para uso y disfrute de todos los gijoneses supone una de las grandes operaciones de cirugía urbanística pendientes de acometer en esta ciudad. La posibilidad de darle continuidad al paseo desde Poniente hasta el Arbeyal, completando la maravillosa ruta abierta al mar desde la Ñora, es una aspiración irrenunciable.
El plan urbanístico representa una gran oportunidad para establecer las pautas del diseño de esa parte del litoral, ahora tan degradada y que pide a gritos una actuación. El consenso es fundamental para que la intervención sea viable y el acuerdo tiene que partir de dos premisas absolutamente fundamentales: el compromiso adquirido con quienes durante los años duros de la reconversión velaron para que el suelo liberado de Naval Gijón no fuera objeto de especulación y el blindaje industrial de los espacios ocupados por El Tallerón y Astilleros Armón, sin duda alguna.
En el caso de Naval Gijón, la propuesta municipal plantea convertir la catalogación de esos terrenos, cuya propiedad recae en un 65 por ciento en la Autoridad Portuaria y el restante 35 por ciento en la sociedad de reconversión de los astilleros Pymar, en uso de carácter terciario. Es decir, que la parcelona de 63.000 metros cuadrados pueda albergar establecimientos hosteleros, de ocio, comerciales y oficinas, pero nada de viviendas residenciales u hoteles, que podrían incrementar el valor del suelo en primera línea de costa con vistas a la atalaya, pero quebraría el espíritu de los ‘lunes al sol’.
El planteamiento del PGO recibió alegaciones de partidos y sindicatos, que en el fondo refuerzan el destino previsto, aderezado si queremos con ideas como el desarrollo en ese área de la llamada ‘economía azul’. La aportación de los vecinos de Poniente, por el contrario, defiende un modelo distinto, basado en la construcción de pisos amables con el entorno y zonas verdes que permitan compactar la ciudad y fijar población.
La petición vecinal no es descabellada, puede incluso encajar en un proyecto global siempre que ese espacio residencial represente una pequeña parte de toda la actuación sobre el suelo que ocupaba el antiguo astillero y se conciba como transición suave hacia el resto de equipamientos que den vida a la zona.
Desde luego, la concepción que finalmente se decida para todo ese área, esencial para la extensión de la trama urbana gijonesa, tiene que conseguir que sea atractiva para la inversión empresarial, sin la cual sería imposible lograr su revitalización urbanística, para el desarrollo de actividades vinculadas a los servicios que generen movimiento y empleo, y para el deleite de la ciudadanía, de tal manera que pasear por lo que fuera el viejo dique reconforte el espíritu y revitalice la memoria.

Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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