Aunque lo ocurrido en la unión de empresas encargada de redactar el plan urbanístico de Gijón parezca grotesco mucho más sería que el documento que reunió el consenso mayoritario de la corporación más plural de la historia democrática de la ciudad resultara quebradizo por la descoordinación y las disensiones del equipo técnico contratado. El diseño del PGO en todas sus fases es un trabajo de alto riesgo, con material sensible, vital para el desarrollo de la ciudad, y su ejecución tiene que ser lejos de fuentes contaminantes, sin atender a cantos de sirena, aislado de las presiones, encapsulado diría yo. Por lo tanto, grotesco sería que estuviera sometido a un duelo de egos en los despachos de un grupo de expertos, tirando cada uno por su lado como si fuera el juego de la cuerda, tapando papeles para que el otro no los vea, queriendo ser unos más protagonistas que otros, cuando lo que realmente está en juego es el interés general, no particular, de toda una ciudad.
Bienvenida sea la decisión de don Emilio Ariznavarreta de prescindir de casi todo el equipo que le ha acompañado hasta ahora por pérdida de confianza y falta de coordinación si con ella se corrige una situación interna, como se ha calificado el conflicto en la UTE, y se impide que el documento en alguna de sus partes acabe viciado. Porque esto es lo realmente preocupante y a lo que se tendría prioritariamente que atender, evitar que termine débil o adulterado. El señor Ariznavarreta, además, como en el arte de la guerra, incorpora enemigos potenciales a sus filas para fortalecer el avance y eliminar francotiradores. Quiero entender que a ello responde el fichaje de los abogados urbanistas que derribaron los dos planes anteriores en los tribunales.
Don Fernando Couto, concejal responsable de urbanismo y portavoz del Gobierno municipal, mostró su convencimiento de que el revolcón en el equipo de redactores no alterará el plazo previsto para la aprobación definitiva del PGO, dentro de poco más de un año. La alcaldesa dijo que esperaba que el proceso se realizara en tiempo y forma. Aunque el foco político se ha puesto especialmente en el tiempo, no creo que un retraso en este caso sea realmente lo sustancial. A estas alturas, si el plan no está para diciembre de 2017, puede estarlo para el año siguiente. Lo relevante es la forma y el fondo.
Los nuevos redactores se enfrentan todavía a etapas claves de la tramitación. Además de contestar a las 1.426 alegaciones, tienen que elaborar el plan definitivo, prepararlo técnicamente bonito para que pase revista por ‘Madame CUOTA’ y realizar el texto refundido. Pero además, el gobierno local, atendiendo a la propuesta de Xixón Sí Puede, está dispuesto a abrir un nuevo periodo de información pública tras los cambios que el papel pueda sufrir por la incorporación de las sugerencias que ahora están sobre la mesa. El planteamiento no es descabellado. Al contrario, el refuerzo de la participación es más necesario si cabe después del trance de la UTE y del complicado parto que está teniendo. El blindaje jurídico del que tanto se habla tiene que impedir cualquier resquicio que pueda llevar a que tan arduo trabajo acabe tumbado en los juzgados, pero también que existan fichas retorcidas, vacíos legales, agujeros negros, que abran vías a operaciones encubiertas y a la especulación. Todo clarito y transparente, como agua de Fuensanta.