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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Hoja en blanco

Cuando todavía no ha empezado el partido se aventura, de mano, que vuelva a desembocar en prórroga. El gobierno local prepara el borrador de los presupuestos municipales para el próximo año que tendrá que servir de base para la discusión con el resto de los grupos políticos. En el ánimo del equipo de Carmen Moriyón está alcanzar un acuerdo que permita que Gijón tenga cuentas nuevas y no se vea en la complicada tesitura de tener que funcionar con otro aplazamiento, el segundo en la segunda etapa del mandato forista. Ahora bien, una cosa es el ánimo de quien gobierna en minoría y otra el que tenga la mayoría opositora. De momento, unos y otros son polos que se repelen.
Esta misma semana se puso de manifiesto que en cuestión de números el camino del entendimiento se encuentra aún muy lejos. El rechazo a destinar diez millones del remanente del año pasado a amortizar deuda del ayuntamiento con los bancos demuestra cuán diferentes son los criterios entre quienes tiene que gestionar las arcas y quienes determinan con la suma de sus votos el uso final del dinero. El portavoz municipal no cree que con la decisión se pueda hablar de situación de bloqueo, pero sí parece que la utilización que finalmente se haga del ‘cash’ determinará en buena medida el gasto y la inversión en 2017 teniendo en cuenta que los créditos, por norma, hay que pagarlos. He aquí una de las peleas.
Y otra que también empezó a traslucir puede venir por los ingresos. Los administradores del municipio plantean una congelación de tasas y precios de servicios públicos, que lógicamente viene de perlas para la ciudadanía especialmente cuando el escenario de inflación parece que está cambiando. La medida, además, se añade a la aplicación de un IBI revisado a la baja que es la envidia de Oviedo, cuyo ‘gobierno a tres’ se propone ahora meter el rejón a quienes por allí generan algo de riqueza. Bueno, pues el mayor grupo opositor le da una vuelta a la propuesta y la enreda.
El planteamiento es que se pague en función de los niveles de renta. A priori es difícil oponerse a la idea, pero el problema es cómo se articula con el control debido de todas las situaciones y sin poner en riesgo la salud financiera del Ayuntamiento. La propuesta tiene un coste evidente, que a lo mejor se contrarresta encareciendo las exacciones para otros colectivos, como en la capital de don Wenceslao. La negociación presupuestaria, por lo tanto, se presenta muy complicada, pero Moriyón y sus concejales no cesarán en el empeño de lograr un acuerdo porque de ello depende también que la debilidad en la que se encuentran sea algo más llevadera.
La alcaldesa dijo, en la entrevista que esta semana emitió Canal 10 conducida por Juan Neira, que estaba dispuesta a poner sobre la mesa «una hoja en blanco» en favor del consenso con tal de evitar lo que sucedió hace un año. Lo recordamos. Después de que el Gobierno local aceptara todas las enmiendas de unos y otros cuando llegó la hora de votar dieron la espantada. Un hecho de mundo insólito perjudicial para la ciudad. El deseo, esta vez, es que el papel una vez relleno no acabe en la papelera.

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Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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