Sogepsa y la ZALIA no levantan cabeza. Las dos sociedades se mantienen en la unidad de cuidados intensivos con respiración asistida desde que la crisis financiera devino en depresión con una acumulación de números rojos que asusta. Durante esta década negra no hubo empresa privada que haya resistido una situación como la que atraviesan ambas entidades, más cerca de la muerte que de recuperar la vida. La suma de las dos deudas se sitúa por encima de los doscientos cincuenta millones de euros, es decir, casi nada. Una cifra insoportable para las administraciones que las amparan mediante avales por cantidades millonarias y créditos participativos con escasa garantía de recuperación.
Este enorme agujero equivale al presupuesto del Ayuntamiento de Gijón para todo un ejercicio y solo es rebasado en Asturias por el que tiene contraído El Musel como consecuencia de la ampliación y que tardará en pagar más de treinta años. Su continuidad ha sido puesta en duda por la sindicatura de cuentas, que en los últimos informes ha destapado alguna que otra vergüenza; por la Unión Europea, como en el caso de la sociedad de gestión de suelo en cuanto a su estructura societaria, y por la misma oposición. En resumen, Sogepsa y ZALIA tienen pocos adictos fuera de quienes consideran que aún merece la pena sostenerlas. La confianza en ellas se ha convertido, por así decirlo, en un acto de fe.
Ahora bien, voy a dejar el estado de Sogepsa para otro momento con el fin de centrarme en la imperiosa necesidad que tiene la zona logística de ingresar dinero contante y sonante para evitar su extinción definitiva por asfixia. La ZALIA, que ni siquiera tiene ya gerente, carece totalmente de liquidez para atender las obligaciones más inmediatas, una de ellas el pago por orden del Tribunal Supremo de la indemnización a uno de los propietarios de los terrenos expropiados por un importe superior a los 700.000 euros. Como el Principado y el Ayuntamiento están atados de pies y manos por las malditas prórrogas presupuestarias, la única vía para salir del apuro es que los puertos de Gijón y Avilés suelten cuanto antes la pasta comprometida a finales del año pasado como accionistas que son de la sociedad. La contribución recibió el visto bueno de Puertos del Estado, el padre de ambos entes sin cuya autorización no tendrían nada que hacer. Pero el tiempo ha ido pasando y unos y otros se han venido haciendo los suecos para no echar mano a la cartera porque tampoco la tienen para muchas fiestas, aunque en este caso no estamos hablando de ninguna celebración.
El pasado lunes, el ministro de Fomento, en el Fórum organizado por esta casa, dejó clara la disposición a colaborar con el desarrollo del polo logístico, pero también reclamó un marco de viabilidad estable a medio y largo plazo. Íñigo de la Serna respondía con su compromiso a la inquietud de la representación empresarial por el devenir de la ZALIA. Una vez que se desbloquea la construcción de los accesos, que se decide un reajustamiento del tamaño, que existe voluntad para rebajar el precio del suelo y que hay empresas interesadas en la localización, la zona logística precisa un último empujón. La inyección de fondos por parte de los puertos, junto con la instalación de una subestación para el suministro de energía, son ahora mismo elementos decisivos para empezar a recorrer el camino hacia la viabilidad que el ministro con razón demanda.